miércoles, 3 de diciembre de 2014

Crítica de 'Exodus: Dioses y Reyes'


El Éxodo es el episodio del Antiguo Testamento más difundido, con más o menos acierto, por la pequeña y gran pantalla. Un relato que, tanto para el creyente como para el que no lo es, se conoce hasta la saciedad. Después de los dos antecedentes mastodónticos de Los diez mandamientos de Cecil B. DeMille, del que recordamos por Charlton Heston la segunda de 1956, y la cinta animada El príncipe de Egipto (1998, Hickner, Wells y Chapman), por poner algunos ejemplos icónicos del caso, podría pensarse que visto una, visto todo, y que poco más se puede añadir. Pero es ahí cuando entra en juego la última pieza sobre el tablero, la del Hollywood moderno creador de blockbusters, como el de Noé de Aronofsky, dispuesto a una revisión bíblica dotada de un mayor despliegue de medios y, cómo no, de un gran presupuesto. Y el artífice tras las cámaras no podía ser sino Ridley Scott. El director británico vuelve con Exodus: Dioses y Reyes al género épico histórico que tan buenos resultados le dio en el 2000 con Gladiator, un éxito que no repitió al mismo nivel años después con El reino de los cielos o Robin Hood, Reformada de arriba a abajo, sin contemplaciones, ha formado una película entretenida, donde la acción brota en dosis acertadas. Sin embargo, su estructura no tiene un ritmo definido. Jugar con desniveles deriva en un resultado irregular, y aquí se da el caso: pasa de un buen arranque con la batalla de Qadesh de trasfondo a diversos prolegómenos que gastan una hora de metraje, quitando fuerza de atracción a una historia que, no obstante, encandila la parte final con un ritmo apabullante desde que hacen acto de presencia las plagas.

Después de cuatrocientos años como esclavos en Egipto, el pueblo judío espera la llegada del mesías que les libere. Moisés (Christian Bale, El caballero oscuro) y Ramsés (Joel EdgertonEl gran Gatsby) han sido criados como hermanos. Situados en la batalla de Qadesh contra los hititas, Moisés salva de morir a Ramsés, quien se muestra receloso de la acción de su hermano por culpa de una profecía. Desde entonces, ambos se distanciarán hasta romper toda relación. Destinado a solucionar algunos problemas con la comunidad esclava, Moisés se topa con Nun (Ben Kingsley, La invención de Hugo), quien le cuenta su origen y su verdadera identidad. Tras conocer su condición, Moisés, exiliado, se dirige a Madián, donde desposa a Séfora (María Valverde, Tengo ganas de ti). Reconvertido en pastor, y perdido en una tormenta, Dios le rebela a Moisés la misión que debe llevar a cabo: regresar a Egipto y liberar a los esclavos hebreos para llevarlos a la tierra de Canaán. La negatividad de Ramsés provocará la ira de Dios, quien asolará el imperio como castigo a su osadía. El peso de la trama de Exodus: Dioses y Reyes recae en el tándem Bale-Edgerton, cara y cruz distinguibles -y sobresalientes- del filme. Es obvio afirmar que Bale carga con algo más de responsabilidad, pero no se puede entender el uno sin el otro. Mientras que este nuevo Moisés es apasionado, algo incrédulo al principio pero siempre fiel a su instinto; el Ramsés que deja Edgelton no pasa desapercibido ni siquiera bajo la sombra de Yul Brynner, ya que la frialdad, la impulsividad y el egocentrismo de su personaje son bazas propias de un antagonista del propio Scott. Por debajo de ellos dos, el plantel deja bastante que desear, ya que, a excepción de Ben Kingsley y María Valverde, quien da vida más que aceptablemente a Séfora, ningún otro transmite ni atrapa más allá del oficio en pantalla. Ni Aaron Paul, ni John Turturro ni tan siquiera Sigourney Weaver, pues solo dejan unas interpretaciones para lo anecdótico.

A pesar de no redondear la historia con un buen guión, la gran baza de Exodus: Dioses y Reyes está en su despliegue visual y artístico. La película muestra un escenario que llama la atención del espectador, aprovechándose tanto de la banda sonora compuesta por Alberto Iglesias como de unas localizaciones únicas (Almería y Fuerteventura) para recrear las desérticas estampas del Antiguo Egipto, Mar Rojo y Sinaí. Con fotografía del habitual de Scott, el polaco Dariusz Wolski, se tiende a buscar bastos planos panorámicos y escenas de acción donde dar rienda suelta al encanto de un filme en el que hay que destacar ese último gran plano del ejército egipcio cargando sobre el fondo del Mar Rojo antes de ser engullidos por las olas. No podía faltar la parte artística, pues Exodus: Dioses y Reyes es, así mismo, una recreación de la vida y costumbres del Egipto de los faraones, por lo que se contó con la oscarizada Janty Yates para un diseño de vestuario que en pantalla resulta de lo más llamativo. Después de un flojo paso por El consejero, no se trata de la mejor película de Ridley Scott, pero ello no es impedimento para afirmar que Exodus: Dioses y Reyes está dentro de sus mejores producciones épicas, y es de las más sentidas. Un homenaje sincero a la figura de su hermano Tony, fallecido en 2012.

Datos a tener en cuenta:
Director: Ridley Scott
Reparto: Christian Bale, Joel Edgerton, Aaron Paul, Sigourney Weaver, Ben Kingsley, Emun Elliott, John Turturro, María Valverde, Anton Alexander, Indira Varma, Ben Mendelsohn, Golshifteh Farahani...
Género: épico, drama, bíblico
Nacionalidad: estadounidense
Estreno en España: 5 de diciembre de 2014
Duración: 151 minutos aprox.
Clasificación: no recomendada para menores de 13 años
Valoración personal: 7,5

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