jueves, 29 de noviembre de 2012
martes, 27 de noviembre de 2012
La tradición del pesebre
Todos los años por estas fechas, para contradecir la norma no escrita de los centros comerciales de adelantarlo a comienzos de noviembre, en mi casa toca desempolvar esas cajas viejas del trastero adornadas con un "peligro, cacharros navideños" que me dan a entender dos cosas: la primera, que el invierno se acerca, y, la segunda, que llegó el momento de hacer las delicias de los más pequeños de la casa, pues llega la Navidad, y con ellos los futuros regalos y la pronta puesta en escena del belén. Como en cada casa, es una particularidad. En el recibidor, sobre una vieja mesa de escritorio y cubierta por papel plata, se intenta recrear una pequeña Belén de hace dos mil años. Aunque intente mantener la tradición, no falta desde hace años el típico muñeco de Messi haciendo aguas mayores así como el pastor de Playmobil, cuyo rebaño se ha extraviado, siguiendo la estela que dejan tres Reyes Magos comprados hace ni se sabe en un todo a cien. Voy colocando las piezas según las descubro de sus envoltorios: un panadero, algunos soldados romanos, la Virgen María, dos angelitos, el niño Jesús... y cuando ando algo preocupado por la tardanza en aparecer del viejo carpintero José, me topo, en un mismo envoltorio, con una mula y un buey. Como el que no quiere la cosa, mi madre me los quita de las manos y los dispone detrás del niño recién nacido, a modo de protección. A todo esto, y desconociendo el tiempo que llevaba viendo la disposición de aquel belén, que aparece mi padre y le replica frunciendo el ceño que así están mal. Mi madre, inteligente y astuta casi siempre, pecó en esta ocasión de inocente y las colocó al revés de lo previsto, delante del niño Jesús. De nuevo, el gesto contradictorio de mi padre lo decía todo: "Encarnitxu, esto no es así". Se produce entonces un intercambio dialéctico familiar, del que no llega a bronca, sobre el asunto, recordando mi padre, para el asombro de mi madre, que había escuchado en el informativo que el Papa había dado a conocer que en aquel humilde pesebre de Belén, Jesús había nacido sin la compañía de dos animales.
Quizá Benedicto XVI lo ha proclamado como una exclusiva a los cuatro vientos, pero la cuestión atrae más la risa que la indignación por este engaño en el que caímos todos a una edad y que tiene más de dos milenios de antigüedad. No creo, pues, que sea el primer misterio resuelto por la Iglesia, pero tampoco que sea la última mentira contada por el negocio papal. Como si de una cortina de humo se tratara, no me planteo buscar razones para entonar el porqué de dicha noticia, más bien el para qué de la misma, con todo lo que está cayendo a su alrededor, en un momento de decadencia de la vocación, con numerosas demandas y conflictos morales. A pesar de ello, que no se avergüence del equipo de investigación que ha sacado a relucir la falsedad del buey y la mula aquel día en Belén, conformado por un mayordomo corrupto y una serie de abruptos superagentes 86. A miles de kilómetros de Roma, de vuelta al hogar, mi padre deja a un lado su discurso informativo, se rinde y deja a su mujer que siga ilusionada con colocar a un buey y a una mula detrás del niño Jesús, por mucho cable de Vaticanleaks que hayan sacado para el asunto, que para eso quien manda en casa es mi madre, y no el Papa de Roma.
Quizá Benedicto XVI lo ha proclamado como una exclusiva a los cuatro vientos, pero la cuestión atrae más la risa que la indignación por este engaño en el que caímos todos a una edad y que tiene más de dos milenios de antigüedad. No creo, pues, que sea el primer misterio resuelto por la Iglesia, pero tampoco que sea la última mentira contada por el negocio papal. Como si de una cortina de humo se tratara, no me planteo buscar razones para entonar el porqué de dicha noticia, más bien el para qué de la misma, con todo lo que está cayendo a su alrededor, en un momento de decadencia de la vocación, con numerosas demandas y conflictos morales. A pesar de ello, que no se avergüence del equipo de investigación que ha sacado a relucir la falsedad del buey y la mula aquel día en Belén, conformado por un mayordomo corrupto y una serie de abruptos superagentes 86. A miles de kilómetros de Roma, de vuelta al hogar, mi padre deja a un lado su discurso informativo, se rinde y deja a su mujer que siga ilusionada con colocar a un buey y a una mula detrás del niño Jesús, por mucho cable de Vaticanleaks que hayan sacado para el asunto, que para eso quien manda en casa es mi madre, y no el Papa de Roma.
martes, 20 de noviembre de 2012
Niebla de noviembre
Como un recuerdo espeso, igual que la niebla que gobierna fuera de mi ventana, me vienen algunos flashes de las charlas distendidas con mi padre, en las que me contaba, entre otras cosas, cómo fue aquella mañana de jueves, en un frío mes de noviembre de 1975, en el que el destino de un país, algo roto en particular, cambiaría. Mucho se habló de qué pasó realmente en aquellos pasillos del Hospital de La Paz el miércoles diecinueve. Yo, tan joven y sin programar en esas fechas, tengo en la hemeroteca de mi particular biblioteca las vivencias de una familia televisiva para ver, con algunas licencias artísticas, cómo fueron esas últimas horas de insomnio, miedo y palos, de rosarios y pingüinos en la televisión. El apunte histórico nos dará que tal día como hoy moría Franco. Otros, pocos en realidad, recordarán que en la misma fecha también lo hicieron José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange, en una cárcel de Alicante, o Buenaventura Durruti, anarquista, tras las heridas recibidas en la defensa del sitio de Madrid en la zona del Clínico en las cocinas del Hotel Ritz. Pasaron los años, las generaciones cambiaron, y en los libros de historia que nos tocó estudiar se nos reflejaba tal fecha como el final del régimen franquista y el comienzo de una Transición ahora recordada por unos pocos cuya primogénita Constitución anda tan en boga de todos, o de casi todos.
No sé a qué edad se es realmente mayor, a qué edad se chochea contando las batallitas del abuelo, pero si algún día mis nietos me preguntaran "Abuelo, ¿qué pasó el veinte de noviembre?", mi mente vacilaría dos, quizá tres, segundos, y contestaría lo más reciente de mis recuerdos. "Mis padres me dijeron que el cambio a mejor; yo, que el cambio a peor". Llegado a este punto, el lector verá que no hablo de un veinte de noviembre frío, oscuro y de cambio como lo fue el de 1975, sino el noviembre más cercano, crudo y áspero, del 2011, cuando un lumbreras, que para no mentar más de la cuenta omitiré su nombre, decidiera dar con la tecla inadecuada y convocar un 20-N las elecciones generales. Unas elecciones que fueron la ruina de su convocador, pues sumió a su partido y al candidato inexperto que pusieron, en una carrera a contrarreloj para no hacerlo tan mal como esperaban. Pero como fue salir de Málaga para entrar en Malagón, el fracaso sin precedentes que fue nos sumió a todos, o a casi todos, en el gobierno de una oposición hambrienta de victoria, prometiendo el oro (no ya el moro, presente antes de dicha hecatombe) y el cambio a mejor, para sacar a flote al país de la crisis. Como el mesías contemporáneo, barba y seseo incorporado, Rajoy iba a ser la solución. Que el lector se tome una pausa y respire llegado a este punto. Si quiere reírse vilmente está en su derecho. Critique, como yo, esos sueños vacíos que nos prometían, o critíqueme, por no remar en el mismo sentido que todos, o casi todos.
No hemos llegado a un Gobierno de concordia, sino de insatisfacción, insidias y rezos a la Virgen del Rocío. Cuando algo lo haces mal, te lo reprochan y, si eres humano, recapacitas para no volver a repetirlo y hacerlo mejor. Cuando te convocan manifestaciones semana tras semana, con dos huelgas en menos de un año, lo lógico es pararse a recapacitar y corregir el rumbo, no continuar con esta política autista de omitir al pueblo. No se puede esperar a que caiga la lluvia en noviembre para pararse a pensarlo plácidamente, pues es un hecho que algo se está haciendo mal. A saber, unos recortes por aquí (en Sanidad), otros por allá (en Educación), una política fiscal deplorable, la reforma laboral, el paro, los desahucios... Fuera de todos esos brotes verdes que nos prometían los políticos, quizá floreciendo en sus huertos o en sus cuentas bancarias, la sociedad recordará el 20-N por la fecha del cambio con Mariano Rajoy al frente, dejando aquella tan marcada por nuestros padres y abuelos en un segundo plano. A un año de recordarlo, vislumbro en la ventana unos tibios rayos de sol que hacen frente a la niebla, quizá como un pequeño resquicio de esperanza a lo lejos. Habrá que esperar si es para todos, o casi todos.
No sé a qué edad se es realmente mayor, a qué edad se chochea contando las batallitas del abuelo, pero si algún día mis nietos me preguntaran "Abuelo, ¿qué pasó el veinte de noviembre?", mi mente vacilaría dos, quizá tres, segundos, y contestaría lo más reciente de mis recuerdos. "Mis padres me dijeron que el cambio a mejor; yo, que el cambio a peor". Llegado a este punto, el lector verá que no hablo de un veinte de noviembre frío, oscuro y de cambio como lo fue el de 1975, sino el noviembre más cercano, crudo y áspero, del 2011, cuando un lumbreras, que para no mentar más de la cuenta omitiré su nombre, decidiera dar con la tecla inadecuada y convocar un 20-N las elecciones generales. Unas elecciones que fueron la ruina de su convocador, pues sumió a su partido y al candidato inexperto que pusieron, en una carrera a contrarreloj para no hacerlo tan mal como esperaban. Pero como fue salir de Málaga para entrar en Malagón, el fracaso sin precedentes que fue nos sumió a todos, o a casi todos, en el gobierno de una oposición hambrienta de victoria, prometiendo el oro (no ya el moro, presente antes de dicha hecatombe) y el cambio a mejor, para sacar a flote al país de la crisis. Como el mesías contemporáneo, barba y seseo incorporado, Rajoy iba a ser la solución. Que el lector se tome una pausa y respire llegado a este punto. Si quiere reírse vilmente está en su derecho. Critique, como yo, esos sueños vacíos que nos prometían, o critíqueme, por no remar en el mismo sentido que todos, o casi todos.
No hemos llegado a un Gobierno de concordia, sino de insatisfacción, insidias y rezos a la Virgen del Rocío. Cuando algo lo haces mal, te lo reprochan y, si eres humano, recapacitas para no volver a repetirlo y hacerlo mejor. Cuando te convocan manifestaciones semana tras semana, con dos huelgas en menos de un año, lo lógico es pararse a recapacitar y corregir el rumbo, no continuar con esta política autista de omitir al pueblo. No se puede esperar a que caiga la lluvia en noviembre para pararse a pensarlo plácidamente, pues es un hecho que algo se está haciendo mal. A saber, unos recortes por aquí (en Sanidad), otros por allá (en Educación), una política fiscal deplorable, la reforma laboral, el paro, los desahucios... Fuera de todos esos brotes verdes que nos prometían los políticos, quizá floreciendo en sus huertos o en sus cuentas bancarias, la sociedad recordará el 20-N por la fecha del cambio con Mariano Rajoy al frente, dejando aquella tan marcada por nuestros padres y abuelos en un segundo plano. A un año de recordarlo, vislumbro en la ventana unos tibios rayos de sol que hacen frente a la niebla, quizá como un pequeño resquicio de esperanza a lo lejos. Habrá que esperar si es para todos, o casi todos.
sábado, 17 de noviembre de 2012
Pero a tu lado, Enrique
Otro año más nos faltas. Tu ausencia se sigue sintiendo trece diecisietes de noviembre desde que te fuiste de repente, sin avisar, sin dejar un adiós. Quizá un recuerdo, un nombre, pero por cómo eras, era comprensible que lo guardaras para tus adentros, en ese lugar que sabías defender a capa y espada de los ataques externos que te atosigaban. No te conocí en vida como para poder recordarte mejor. ¡Ojalá, caballero de la triste mirada! Aunque tú no lo sepas, tus canciones han labrado varias experiencias, han llenado horas de estudio y lectura, han copado ciertas acciones y han hecho que escribiera sobre un vidrio mojado, en algún momento de los últimos años, las cuatro, cinco, seis o siete letras de las chicas que en cierto momento me gustaron.
Hace dos mese pasé delante de tu penúltima morada. Cruzar Espíritu Santo número 23 no estaba en mis planes aquella tarde de septiembre, pero como por cosa del azar, las calles de Madrid me hicieron llegar hasta ese punto donde se apagó tu voz. Triste sol de medianoche el de aquel 17 de noviembre de 1999 en el que no volviste ver amanecer, Enrique... Hijo pródigo de la Movida madrileña, gran amigo de tu Malasaña querida, aún tu recuerdo vive entre los que seguimos la estela de tus secretos. Gracias por dejarnos, musicalmente, estar a tu lado.
Hace dos mese pasé delante de tu penúltima morada. Cruzar Espíritu Santo número 23 no estaba en mis planes aquella tarde de septiembre, pero como por cosa del azar, las calles de Madrid me hicieron llegar hasta ese punto donde se apagó tu voz. Triste sol de medianoche el de aquel 17 de noviembre de 1999 en el que no volviste ver amanecer, Enrique... Hijo pródigo de la Movida madrileña, gran amigo de tu Malasaña querida, aún tu recuerdo vive entre los que seguimos la estela de tus secretos. Gracias por dejarnos, musicalmente, estar a tu lado.
miércoles, 31 de octubre de 2012
Cuarto aniversario
Quién me iba a decir a mí cuando inicié este proyecto personal que llegaría tan lejos. Lo que empezó siendo algo pequeño ha escalado hasta alcanzar más de 200 entradas en las que he mezclado los contenidos que me propuse al comienzo del mismo. Cuatro años han pasado desde aquella tarde lluviosa de 2008 que me propuse iniciar Rebuscando el Norte, recién inaugurado el Internet en mi casa. No hay palabras para expresar la satisfacción personal que supone el haber recibido comentarios a lo largo de esta particular historia, de la que han sido testigos más de 24.000 visitas de los cinco continentes. A todos y cada uno de vosotros, mil y una gracias. Gracias por asomaros por esta bitácora, por este particular diario personal que ha pasado a ser el espejo de este periodista a lo largo de sus años de Universidad.
Eskerrik asko!
Eskerrik asko!
martes, 30 de octubre de 2012
Los restos del naufragio
Mientras escribo estas líneas, fuera de mi estudio la lluvia gobierna el panorama que tiñe con un color gris oscuro el cielo de la capital madrileña, a la par que un aire de incertidumbre se despliega en el ambiente, un ambiente que parece tenso para algunos que ven la vida pesar desde su despacho de Ferraz con vistas al Parque de la Montaña. Llueve y llueve, y no parece que el tiempo quiera dar una pequeña tregua. Habrá quién lo agradezca, pero otros acabarán hastiados de tanta agua. Nunca llueve a gustos de todos, diría; algo válido que se asemeja a la situación que vive el secretario general del PSOE, Pérez Rubalcaba, quien observa cómo los viandantes de Madrid corren de un lado a otro de la calle con sus paraguas y cómo el tráfico de una ciudad que no duerme le demuestra el paso del tiempo, tiempo que pasa absorto delante de un cristal con la cabeza gacha jugando a un tres en raya que termina por empatar. Al secretario la suerte le es esquiva hasta en los juegos de toda la vida.
Corren tiempos difíciles en el seno de un partido que, tras una última legislatura para olvidar, empieza a perder el sentido de sus siglas S (por olvidar sus raíces socialistas), O (por traicionar a sus bases obreras) y a hacer aguas con la E (por el baile del sí y el no de un referéndum para Cataluña), quedándole solo la P de partido, que por su bien más le vale guardar la garantía. Con una debacle en Galicia previsible, a pesar de los conxuros a los que se acogieron Rubalcaba y Vázquez, y con un cambio de tornas en Euskadi que deja a Patxi López de capa caída, va siendo hora de la necesitada reflexión interna que se les escapó a la hora de elegir secretario general el pasado año.
No planteo a Rubalcaba como el candidato del PSOE para las elecciones generales del 2015, pues ha agotado los pocos cartuchos que le dejó su antecesor, y nadie tiene más munición que prestarle, pero es que el actual plantel de actores no da para elegir a un candidato capaz de afrontar la situación de crisis económica y social que España atraviesa y que sepa hacer frente a una nefasta gestión del Gobierno con una oposición fuerte, de ataque directo, y menos mimada, descafeinada. ¿Hay algún capitán capaz de llevar el barco a buen puerto?
La particular tempestad que se vive dentro ha abierto varias vías de agua en un PSOE incapaz de reparar sus errores, lo que le llevará a pudrirse cual pecio en el fondo de su desgracia. Para cuando se quiera arreglar ya será demasiado tarde, y no quedarán más que los restos del naufragio. Los distanciamientos entre secretaría y presidencia son un hecho, las disputas entre los varones son algo más que suposiciones y la petición de que rueden cabezas es evidente. ¿Hay algún líder ahí dentro?
Siempre dicen que después de la tormenta vendrá la calma, pero las circunstancias han hecho que se forme una tormenta perfecta que aún puede seguir haciendo mucho daño. Los frentes gallego y vasco fueron la toma de contacto para la prueba de fuego que el secretario general aún debe afrontar, pues el próximo 25 de noviembre Cataluña vivirá un punto de no retorno, al ser evidente una victoria nacionalista en aras a una posible, e indebida dado el discurso de un Mas que vive en los mundos de Yupi, independencia. Lo que planté Pere Navarro será vital para un PSC que “no tira”, como diría Fernández Vara, sino que más bien vaga entre dos tierras: entre la unión y el federalismo y la ruptura con la dirección, discurso que provoca en Madrid jaquecas que ni el paracetamol apacigua.
Les urge bastante buscar las respuestas, pues de nada les valdrá quedar agazapados en sus despachos viendo caer afuera la lluvia. Si no empiezan a mojarse pronto, no harán más que amontonar problemas que tardarán en solucionar en detrimento del cambio. Cambio en el sentido más amplio de la palabra: cambio de líder, cambio generacional y cambio en la oposición. De no producirse, que se alejen de sus cábalas llegar vivos y con opciones para el 2015, pues para antes sus intenciones quedarán en papel mojado, como restos de algo que pudo y no fue al final.
lunes, 29 de octubre de 2012
Yoko Ono, inocente
Cuando los Beatles se separaron en 1970, muchos fueron los que señalaron a Yoko Ono como la detonante de dicho final. A ella la culparon de la mala influencia ejercida sobre John Lennon, y del sonado distanciamiento entre los componentes durante la grabación en 1969 de Let It Be, pero pasadas cuatro décadas de aquello, fallecidos Lennon (1980) y Harrison (2001), y con el recuerdo de la banda presente en una generación entera, el mito queda zanjado: ella no tuvo la culpa.
El encargado de hacerlo oficial, y liberar así de la carga a la artista japonesa, ha sido Paul McCartney, quien se muestra conciliador con el tema y ha salido a defenderla en una entrevista televisiva que se emitirá el próximo mes de noviembre en el programa que David Frost realiza para la edición inglesa de Al Jazeera, y de la que el rotativo The Observer ha adelantado detalles. "Ella no provocó de ninguna manera la ruptura del grupo, el grupo ya se estaba rompiendo. No creo que puedas culparla de nada", afirmó el veterano artista de 70 años, quien añade que Lennon iba a dejar la banda de todos modos. Cara y cruz de un final del que The End y Let It Be dan cuenta de lo que se avecinaba, de la sonada salida del grupo de McCartney el 10 de abril de 1970 y la intentona, no tan conocida, de Lennon en septiembre de 1969, tras las mezclas del disco Abbey Road.
En la entrevista también afirma que Imagine no se puede entender sin la influencia de Yoko, quien participó en su juventud en el movimiento vanguardista Fluxus. "No creo que la hubiese escrito sin ella, por lo que no podría culparla por nada. Cuando apareció Yoko, parte de su atracción fue su lado vanguardista, su manera de ver las cosas. Por lo que ella le mostró a él otra forma de ser, lo que le produjo una gran atracción a Lennon".
Por último, McCartney, quien sacará disco próximamente, avanzó que le gustaría retirarse pronto, apuntando que tal y como se están dando las cosas, "lo podría hacer". En la misma, trató con Frost su lado más personal: la vivencia de la muerte de su madre con 14 años, su matrimonio con Linda y su experiencia como padre y abuelo. Con las declaraciones del ex bajista de The Beatles parece ponerse punto y final a uno de los mitos más sonados de la música de la segunda mitad del siglo XX, del que Def Con Dos intentó convencer a la sociedad con su canción La culpa de todo la tiene Yoko Ono.
Por su parte, Yoko Ono sigue trabajando en un libro biográfico que tratará sus vivencias en la etapa final del grupo de la que, gracias a Paul McCartney, se le absuelve de ser la causante de la separación, cuyos motivos reales aún flotan en el aire. The Beatles, que este año celebran medio siglo del lanzamiento de su primer single (Love Me Do), fue la banda británica más famosa de la década de los años 60, gurús e iniciadores de un movimiento musical que influyó en diversos grupos y generaciones a través de sus temas y sus 21 discos de estudio.
domingo, 28 de octubre de 2012
Periodistas de bandera
Las mujeres, siempre tan prudentes, hacen gala de su instinto para evitar dar dos pasos en falso, faceta que agradeces en aquellas convencidas de su valía, dispuestas a alcanzar sus objetivos no con la rapidez del momento, sino con la tranquilidad y paciencia, cualidad dichosa según la circunstancia, que da esta autopista de peaje llamada vida. Tienen algo especial: una facultad para responder con sus labios a un sentimiento, un halo de misterio con el que atrapan entre sus miradas mil y un deseos y sorprenden en el momento más inesperado, pero también han demostrado en este mundo raro que su carácter y arrojo las hace únicas. No es menoscabo apreciar en una profesión como es la periodística las ganas que le echan, callando las bocas de aquellos desconfiados de su papel en ella. Muchas de las que conozco empezaron con más ánimo y fuerza que nosotros, y hasta el final me han demostrado que mantienen intacto ese sentimiento del periodismo que circula por sus venas. Que asoman negros nubarrones sobre la profesión no pilla de nuevas a nadie, pero que mantengan la confianza de alcanzar sus sueños da cuenta de su fortaleza, de que ni las más adversas circunstancias pueden doblegar el querer llegar a trabajar de redactora en un medio nacional, locutando su propio programa de radio o viajando de freelance por diversos países.
Con la pluma –y por la tecnología el teclado– y el micrófono como armas de guerra han combatido en tantas batallas como sus compañeros de regimiento. Su mayor presencia en las redacciones y en los informativos de televisión, como el caso de La Sexta que lo tiene como marca de la casa, dan muestra de la importancia de su labor en esta profesión, cuya historia tiene aún una deuda pendiente con ellas. Inmersos en el siglo XXI, ya va siendo hora de dejar atrás el pasado, de romper los lastres que portábamos y deshacerse de las barreras y roles tradicionales con los que aún cargan, de que dejen de ser invisibles para muchos que desde arriba ven la vida pasar. Tarea difícil pero no imposible de realizar; merece la pena hacer valer su trayectoria, desde las pioneras como Pardo Bazán hasta las contemporáneas como Maruja Torres o Elvira Lindo, por las conocidas y por las anónimas. Por todas ellas, pasadas, presentes y futuras periodistas de bandera, mujeres que han dado, dan y darán todo su ser por la mejor profesión del mundo, como la bautizó García Márquez.
Con la pluma –y por la tecnología el teclado– y el micrófono como armas de guerra han combatido en tantas batallas como sus compañeros de regimiento. Su mayor presencia en las redacciones y en los informativos de televisión, como el caso de La Sexta que lo tiene como marca de la casa, dan muestra de la importancia de su labor en esta profesión, cuya historia tiene aún una deuda pendiente con ellas. Inmersos en el siglo XXI, ya va siendo hora de dejar atrás el pasado, de romper los lastres que portábamos y deshacerse de las barreras y roles tradicionales con los que aún cargan, de que dejen de ser invisibles para muchos que desde arriba ven la vida pasar. Tarea difícil pero no imposible de realizar; merece la pena hacer valer su trayectoria, desde las pioneras como Pardo Bazán hasta las contemporáneas como Maruja Torres o Elvira Lindo, por las conocidas y por las anónimas. Por todas ellas, pasadas, presentes y futuras periodistas de bandera, mujeres que han dado, dan y darán todo su ser por la mejor profesión del mundo, como la bautizó García Márquez.
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