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viernes, 26 de febrero de 2016

La contracrítica de los Oscar (X): 2012, 'Argo' vs 'La noche más oscura'


Este próximo domingo la Academia celebrará su 88ª gala de entrega de los premios Oscar, y a dos días de los mismos Rebuscando el Norte termina su particular andadura de diez contracríticas contando los casos más sonados de las películas que lo ganaron y no debieron. Un camino de dos semanas que se cierra hoy con la disputa en la 83ª edición entre Argo y La noche más oscura, que tuvo lugar hace tres años y a la que también se presentaron Amor, Bestias del sur salvaje, Django desencadenado, Los Miserables, La vida de Pi, Lincoln y El lado bueno de las cosas.

¿Quién se llevó el Oscar?: Argo
Ben Affleck protagonizó y dirigió esta historia real en torno al rescate de seis funcionarios estadounidenses durante la crisis de los rehenes en Irán (1979 - 1981), y en la que tuvo un papel reseñable la acción de la CIA y Hollywood al crear una tapadera para su salida a través de una falsa producción cinematográfica. Un drama fácil de entender para los académicos en los Oscar en el que América siempre sale victoriosa y airosa de sus problemas. ¿Pero no es Canadá la verdadera heroína de la historia? Cierto, pero con Estados Unidos ya se sabe. Argo acabó siendo un drama con un valor inferior a lo que se esperaba. Ni acabó siendo el thriller del año ni terminó en comedia (por suerte). Y a pesar de que juntaba ciertos momentos a lo largo de la película nunca acababa por decantar la balanza. La historia, que ganó el Oscar a Mejor guión adaptado, era aburrida, carente de ritmo y tensión cuando debía tenerla. La energía reinaba por su ausencia. Por último, antes de su estreno nadie pensaba que Affleck pudiera armar la que acabó armando. Un Globo de Oro y un Bafta por su labor como director confirmaron lo que, para variar, la Academia omitió. ¿Qué diantres buscaban en los Oscar sin siquiera nominarle?



¿Quién debió llevárselo?: La noche más oscura
El 1 de mayo de 2011, un equipo especial de los Navy Seal irrumpió en una casa a las afueras de Abbottabbad (Pakistán) y mató a su huésped, el hombre más buscado del mundo: Osama Bin Laden. Con esta acción, Estados Unidos cerraba su particular via crucis que comenzó la mañana del martes 11 de septiembre de 2001. El germen del último filme de Kathryn Bigelow, única directora ganadora del Oscar, no iba a tratar sobre la caza de Bin Laden, sino sobre una de las operaciones fallidas para buscarle en las montañas afganas de Tora Bora meses después de los atentados. Una historia que se estaba puliendo la noche que Barack Obama dio el discurso que confirmó la noticia. El nuevo proyecto se reconstruyó entero para contar el arduo camino de la inteligencia americana para dar con el paradero del némesis de Occidente y del grupo de soldados enviados a dar caza a "Gerónimo": Zero Dark Thirty, traducido a nuestro país como La noche más oscura. Fue bastante criticada, para variar, por sectores ortodoxos que veían inaceptable la recreación de torturas por parte de la CIA para hacer cantar a los presos de Al Qaeda. ¡Hola Guantánamo! Se puede discrepar en el modus operandi del filme para representar los hechos reales. Seguramente dista bastante lo que pasó aquella noche con lo que muestra el momento cumbre de la película, pero la ficción siempre se muestra abierta a licencias. La noche más oscura ha sido el proyecto más ambicioso de Bigelow. Diez veces más que En tierra hostil, y cuyo reconocimiento ha pasado bastante olvidado a pesar de ser una de las victorias elitistas más importantes de los últimos años. Sumando otros puntos, en contra de Argo, donde la película es más coral que un monólogo de Affleck, esta película la aguanta, cual Atlas, una titánica Jessica Chastain que se merienda todo lo que sale en pantalla. Nadie puede menospreciar el trabajo intachable que realizó y que le valió el Globo de Oro a Mejor actriz en Drama y la nominación al Oscar. Si de cierre se le puede criticar algo, pues como todo no es perfecta, es esa presencia de tintes patrióticos que tanto gusta al otro lado del charco. Ni exacerbado ni un tanto light, pero claro a lo largo de la trama.


jueves, 25 de febrero de 2016

La contracrítica de los Oscar (IX): 2010, 'El discurso del Rey' vs 'La red social'


Novena entrega que ya nos sitúa en la década de 2010. Unos Oscar de contraste donde pudimos dar cuenta de un modelo cinematográfico rompedor ofrecido por David Fincher con La red social y otro gris y british en su fondo de la mano del cineasta Tom Hooper en El discurso del Rey. Dos historias opuestas con un nexo: fueron acontecimientos reales. La primera, el tratamiento de la tartamudez de un monarca recién ascendido desconocida para gran parte del público; la segunda, la historia de nuestra vida en Internet y las luces y sombras de un proyecto que cambió la perspectiva de las redes sociales para siempre, La 83ª (LXXXIII) entrega de los Oscar tuvieron, amén de estas dos, otras ocho candidatas a Mejor película: Winter's Bone, Toy Story 3, Cisne negro, 127 horas, Origen, Los chicos están bien, Valor de ley y The Fighter.

¿Quién se llevó el Oscar?: El discurso del Rey
Dos de los grandes pilares en los que se basa esta historia sobre la tartamudez del rey Jorge VI de Reino Unido son Colin Firth, quien dio vida al monarca y por el que ganó el Oscar a Mejor actor, y Geoffrey Rush, en la pantalla Lionel Logue, su logopeda y hombre de confianza a posteriori. Más allá de este dúo, la película no ofrece algo más para enganchar al espectador. No hay que menospreciar que la ambientación de El discurso del Rey es notable, en eso acertó Hooper. Sin embargo, la falta de empatía de los actores en ciertos momento con lo que tiene que haber al otro lado de la pantalla, aka el espectador, brilla por sí solo. A pesar de todo, resulta curioso que se sobrepusiera a todos los envites y triunfara allá donde se pensaba que no lo haría. Amén de cuatro Oscar, su particular y blasfema suerte la tuvo en los Bafta, donde no teniendo suficiente con el premio a Mejor película británica, también se llevó el genérico de Mejor película. Un pleno que se vio escracheado en los Globos de Oro, donde la prensa -ahora sí- vio otra realidad. Para recordar, el momento álgido de la película con los acordes del movimiento Allegretto de la Séptima sinfonía de Ludwig van Beethoven.



¿Quién debió llevárselo?: La red social
El por qué se llevó El discurso del Rey y no La red social el Oscar a Mejor película fue un nuevo y perfecto ejemplo de los prejuicios de la edad de los académicos, más cercanos a la historia que se desarrolla a finales de 1930 que de comienzos del siglo XXI, donde el boom de la red de las redes sociales les pilla lejos. La dramatización de la aparición y subida a los cielos tecnológicos de Mark Zuckerberg es una compleja maquinaria muy bien urdida entre David Fincher y Aaron Sorkin, quienes dieron vida al libro de Ben Mezrich (Multimillonarios por accidente) convirtiéndolo en una película rítmica, con puntos irónicos, imperdible y generacional de la que nos sentimos, indirectamente, parte. Aunque queda como la versión no oficial del nacimiento de Facebook, y apostilla al Zuckerberg en pantalla (enorme Jesse Eisenberg) como un mortal con tantos problemas como el resto: sin amigos, vergonzoso hasta la médula, incapaz de hablar con las mujeres, pero un genio delante de la pantalla de su ordenador, universo donde se crece. El fenómeno de La red social no ha terminado, pues aún hoy sigue siendo ejemplo de la vida de más de 500 millones de usuarios. Quizá una droga perjudicial en cierto modo que afecta otras partes emocionales de nuestro cuerpo. Así mismo, la película, ganadora del Globo de Oro al Mejor drama, sentó la base para una nueva demarcación en el apartado musical. Su banda sonora, compuesta por Trent Reznor y Atticus Ross, es la prueba de ello. Cada pieza del soundtrack encaja a la perfección con las imágenes manejadas por Fincher, incluida la versión de En la gruta del rey en la montaña en una de las mejores escenas del metraje. El cierre es una moraleja de toda la historia de Facebook, simple y directo que remarca la esencia del proyecto: todos querrán estar conectados.

miércoles, 24 de febrero de 2016

La contracrítica de los Oscar (VIII): 2005, 'Crash' vs 'Brokeback Mountain'


Y llegamos a la octava contracrítica. La más polémica y recordada de todas las que se han publicado hasta ahora. Corría el año 2006, altas horas de la madrugada (hora española) del 6 de marzo, y Jack Nicholson iba a desvelar la última ganadora de la noche. Abre el sobre con solemnidad para una vez después de decir el nombre de Crash soltar un rotundo "NO". ¿Quién se lo creía? Empezando por Nicholson y muchísima gente que, años después, seguirían afirmando que no era su noche. La historia de Brokeback mountain sacudió los cimientos de organizaciones conservadoras que no la vieron con buenos ojos. Un lobby que en Hollywood consiguió pasar la pelota a la cinta de Paul Haggis, quien reconoció años después que no era la mejor película del año para llevárselo. Junto a Crash y Brokeback Mountain, en la LXXVIII edición de los Oscar competían Munich, Buenas noches y buena suerte y Capote.

¿Quién se llevó el Oscar?: Crash
A pesar de su "bonito" final en la gala de los Oscar, la andadura de Crash en los Globos de Oro y los Bafta fue todo lo contrario. Ni a la asociación de periodistas ni a los académicos británicos les conmocionó este variopinto largometraje acerca de las vidas entrelazadas de ciudadanos cualesquiera de Los Angeles. No era una historia interesante digna de ser analizada ni nominada. Y lo peor de todo, fue otra trinchera más en la que el ejército de los críticos de cine se enzarzaron. Mientras que muchos la llamaron como la peor película de la década de los 2000, algunas vacas sagradas del grupo como Roger Ebert defendían que era la mejor del 2005. Lo que sucedió con Crash es digno de ser analizado en profundidad, y mucha gente de la industria cinematográfica estadounidense lo vio más como un premio por incordiar a otro que por alabar su historia. En todas las miras, el mismo objetivo: Brokeback Mountain, una película que escocía a los sectores conservadores. La última pesquisa sobre el filme puede ser cuando el elenco sube al escenario a celebrar el Oscar a Mejor película. La felicidad que desbordan es también parte incredulidad. Incredulidad porque no saben cómo diantres han podido ganar. Tras bastidores, la respuesta estaba más clara.



¿Quién debió llevárselo?: Brokeback Mountain
Algunos creen que el malestar de los académicos, de los votantes, con la película de Ang Lee era la mirada que hacía, a través de la historia de Annie Proulx, de algo tan bello como es el amor entre dos personas. La puntilla estaba en que fuese el romance secreto entre dos vaqueros, interpretados por Jake Gyllenhaal y Heath Ledger. La crítica avaló el trabajo de Lee que contaba con cero apoyos iniciales. Las productoras se mostraban reacias a financiar algo que podía ser un desastre en taquilla. Sin embargo, fue la punta de lanza para normalizar la situación de los homosexuales en la meca del cine. A las críticas de los grupos ortodoxos, de los medios de comunicación conservadores y de algunos países o estados donde fue prohibida por tratar un tema tabú, se le unieron los premios que celebraron su valor. Se llevó el León de Oro a la Mejor película en Venecia, triunfó en los Globos de Oro y en los Bafta, en ambos con cuatro premios y en la noche de Crash, Ang Lee consiguió el Oscar a Mejor director; Larry McMurtry y Diana Ossana el de Mejor guión adaptado y el argentino Gustavo Santaolalla el de Mejor música original. Los acordes de la guitarra acústica y la emoción que transmite la pieza Wings encierra la esencia de Brokeback Mountain, esa que por pseudoprincipios morales unos cuantos (mayoría) no se atrevieron a ver.

martes, 23 de febrero de 2016

La contracrítica de los Oscar (VII): 2002, 'Chicago' vs 'El pianista'


Esta séptima entrega en Rebuscando el Norte cruza el umbral del Efecto 2000 para meterse de lleno en el siglo XXI, que también nos ha dejado algunos números destacables de películas que ganaron el Oscar y no debieron llevárselo. La Academia sabrá cómo se las gasta, claro está, pero aquí estamos para dejar sobre la mesa las cartas y que cada uno dictamine. 23 de marzo de 2003, LXXV ceremonia de los Oscar, presentada por Steve Martin. Cinco cintas nominadas a Mejor película: Chicago, Gangs of New York, Las horas, El Señor de los Anillos: las dos torres y El pianista.

¿Quién se llevó el Oscar?: Chicago
Si con Gente corriente se recurrió al boom del melodrama entre los setenta y ochenta, el nuevo milenio recuperó un fenómeno olvidado en el cine: el de los musicales. En 2001 triunfaba Moulin Rouge!, la película del australiano Baz Luhrman instalada en el París de comienzos del siglo XX. La historia romántica entre Edward Norton y Nicole Kidman a modo de coral versionando éxitos de Elton John (puede que el más recordado), Madonna, Nirvana o David Bowie. El musical tocó con Chicago la fibra del espectador, fue una patata caliente, un fenómeno obsesivo que tenía que saltar por cualquier lado. Lamentablemente, saltó por todo lo alto, y la Academia fue partícipe de ello. Alguien puede pensar que fue la forma más satírica de pedir perdón a Cabaret por no concederle el Oscar a Mejor película en su momento. Barbaridad de comentario digan lo que digan. Volviendo a Chicago, la cinta de Rob Marshall optaba a 13 nominaciones y consiguió seis. Más allá de los premios técnicos, solo tocó alto (quitando película) en Mejor actriz secundaria para Catherine Zeta-Jones. Honestamente, a menos que uno esté obsesionado con los musicales, ¿alguien recuerda en 2016 la película?



¿Quién debió llevárselo?: El pianista
La película que debió haber ganado el Oscar aquella edición fue El pianista, la durísima obra del cineasta polaco Roman Polanski en la que mostraba al espectador su inquebrantable mirada en la lucha de un músico judío (Adrien Brody) para sobrevivir en unas pésimas condiciones en el gueto de Varsovia durante la Segunda Guerra Mundial. Tanto Polanski como Brody se llevaron el Oscar por su trabajo detrás y delante de las cámaras, así como Ronald Harwood por el guión adaptado. Se llevó la Palma de Oro en Cannes y barrió -literalmente- en los César franceses. Pero ahí quedó el capítulo de una película que merecía más reconocimiento al otro lado del charco, y en concreto en la costa oeste. Quizá los académicos buscaron no repetir la estela de La lista de Schindler y por eso la decisión de Chicago, un cambio de aires, algo más revitalizante y que no hiciera pensar mucho.

lunes, 22 de febrero de 2016

La contracrítica de los Oscar (VI): 1998, 'Shakespeare in Love' vs 'Salvar al soldado Ryan'


Apenas nos movemos un año en el espacio. Si la quinta entrega de estas contracríticas nos sumergía en el lío por Titanic, el que fue protagonizado al año siguiente no fue para menos. Fue en la LXXI gala de los Oscar, donde estaban nominadas Salvar al soldado Ryan, Elizabeth, Shakespeare in Love, La vida es bella y La delgada línea roja.

¿Quién se llevó el Oscar?: Shakespeare in Love
Esta historia ficticia sobre la figura de un entonces joven genio del teatro isabelino, William Shakespeare, creador de Romeo y Julieta o Hamlet, entre otras muchas grandes obras, fue la ganadora del Oscar a Mejor película. La cinta, dirigida por el británico John Madden, pudo ser vista como el sueño de una noche de Oscars efímera, una jocosa broma de los académicos o una tomadura de pelo para la crítica. A priori no era la opción más fuerte de la edición, pero los Oscar, los Globos de Oro y los Bafta se pusieron de acuerdo en que sí tenía ese algo especial. Shakespeare in Love se llevó siete premios, entre otros los de Mejor actriz (Gwyneth Paltrow) y Mejor actriz de reparto (Judi Dench), Mejor guión original, Mejor banda sonora, Mejor diseño artístico y de vestuario.



¿Quién debió llevárselo?: Salvar al soldado Ryan
Hay aspectos fascinantes dentro del horror de la Segunda Guerra Mundial cuando son llevados a la gran pantalla. Salvar al soldado Ryan de Steven Spielberg fue una de las mejores muestras. Su puesta inicial con el desembarco de Normandia provocó recuerdos aciagos de los veteranos de guerra que lo vieron, fue alabado por Quentin Tarantino como uno de los mejores inicios del género bélico y por ser continuación en el tiempo de El día más largo (1962). Los acordes patrióticos del himno a los caídos de John Williams no pueden sino emocionar, así como la actuación de Tom Hanks, que dejó el listón bastante alto al resto de reparto. Ciertamente, Spielberg rascó algo de todo esto, su estatuilla a Mejor director. Un reconocimiento puntual para una película que se superó con creces. Con cinco premios de la Academia (entre ellos Mejor montaje y fotografía), Shakespeare in love le ganó la partida en los premios, pero si hiciéramos hoy una encuesta ahora sobre qué película recuerdas más, la balanza se decantaría por esta joya spielbergiana.

viernes, 19 de febrero de 2016

La contracrítica de los Oscar (V): 1997, 'Titanic' vs 'L.A. Confidential'


Sobre esta lloverán más las piedras, pues nadie pone en tela de juicio que la Academia se decantó por una buena historia algo pastelosa que no quitaba una excelente producción. Era la setenta (LXX) entrega de los premios Oscar, edición en la que estuvieron nominadas a Mejor película: Titanic, L.A. Confidential, Mejor... Imposible, The Full Monty y El indomable Will Hunting.

¿Quién se llevó el Oscar?: Titanic
Titanic fue la película con la que James Cameron llegó al final de su camino de baldosas amarillas, anteriormente recorrido por Terminator, Aliens y Mentiras arriesgadas, y le culminó a tener su nombre incrustado en letras doradas en Hollywood. La historia del trasatlántico más grande construido -y hundido- a comienzos del siglo XX fue un éxito en taquilla, recaudación y crítica. Cameron se llevaría él solo esa noche tres premios (Mejor película, Mejor director y Mejor montaje), catapultaría a la fama a Leonardo DiCaprio y Kate Winslet y recobraría el interés por el mito que estuvo olvidado en el fondo marino durante décadas, ayudado, entre otras, por la labor de James Horner en la banda sonora y de Céline Dion en el tema principal, My Heart Will Go On. Segunda en el ranking histórico de nominaciones (14, igualada con Eva al desnudo) y segunda en el de premiadas (11, los mismos que Ben Hur y El señor de los anillos: El retorno del rey), aun hoy muchos se preguntan qué vio la Academia en este drama romántico que no había en las otras cuatro nominadas.



¿Quién debió llevárselo?: L.A. Confidential
Puede que llegados a estas líneas, los pocos que me leen hayan pasado olímpicamente de seguir, por considerar que Titanic se las merecía de todas todas. Bueno, hay que respetar las opiniones ajenas, y ojo, qué soy de los que se une en muchos aspectos a esos que defienden la película, excepto en el carácter pasteloso de la misma. Uno disfruta más de la secuencia en la que el barco intenta evitar a toda costa chocar con el iceberg con esa música tensa de Horner que con la historia de Leo y Kate. Pero continuemos con la contracrítica, que de eso va, y averiguemos los motivos que había para decantarse en lugar de Cameron por el filme de Curtis Hanson: L.A. Confidential.

Hanson adaptó a la gran pantalla la novela de James Ellroy, uno de los mejores ejemplos del fenómeno pulp literario. La historia de la corrupción en la policía de Los Angeles sigue siendo hasta ahora uno de los mejores del género que se ha hecho hasta la fecha. Y tenía un elenco de fábula por aquel entonces: Kevin Spacey, Russell Crowe, Guy Pearce... Sin olvidarnos de Kim Basinger. Un drama que contenía mucho más agarre, chicha y suspense que Titanic.

jueves, 18 de febrero de 2016

La contracrítica de los Oscar (IV): 1990, 'Bailando con lobos' vs 'Goodfellas (Uno de los nuestros)'


Nos movemos una década en el tiempo, hasta la LXIII edición de los Oscar que tuvo lugar el 26 de marzo de 1991. Y aunque avanzamos en fecha no lo hacemos en uno de los parámetros: misma película y director caídos en desgracias. En la gala de 1991, año de la desaparición de la Unión Soviética, presentada por Billy Crystal estaban nominadas a Mejor película Bailando con lobos, Goodfellas (Uno de los nuestros), El Padrino III, Ghost y Despertares. Scorsese contra Coppola, vaya tela.

¿Quién se llevó el Oscar?: Bailando con lobos
Kevin Costner se cascó un Juan Palomo de órdago al dirigir y protagonizar este western de un teniente de la Unión durante la Guerra de Secesión que decide viajar hasta la frontera y hacerse amigo de los indios americanos. Aunque recibió numerosas críticas positivas, sobre ella cayeron las inexactitudes culturales denunciadas por las comunidades nativas, en especial la de los sioux. Ganadora de siete premios de la Academia, entre ellas Mejor director, Mejor banda sonora (John Barry) y Mejor guión adaptado (Michael Blake), muchos siguen pensando hoy en día que otra película se merecía el premio gordo esa edición.



¿Quién debió llevárselo?: Goodfellas (Uno de los nuestros)
Y Scorsese, el querido Martin, volvió a saltar a la palestra. Quizá esta, y no otras, sea la que más fastidió. Goodfellas (Uno de los nuestros) es ese clásico que con veinticinco años de vida se ha hecho un hueco en muchas de nuestras vidas y nuestras estanterías. Una fetiche sobre el modus operandi de la mafia y parte de esa Trinidad que conforma junto a Los Soprano y la saga de El Padrino que siempre ha de ser respetada independientemente del credo. Recibió seis nominaciones en los Oscar, y tan solo se llevó el de Mejor actor secundario, un premio más que merecido para el neurótico papel de Joe Pesci. Los premios Bafta fueron más condescendientes con Goodfellas y le dieron el reconocimiento "oficial" que se merecía. Que se fuera casi de vacío en 1991 no indica que sea olvidada fácilmente. Para la posteridad también queda esos últimos fotogramas, esa cara de idiota de Liotta y el pistolero Pesci homenajeando al corto de Edwin S. Porter con las notas del My way de Sex Pistols.

miércoles, 17 de febrero de 2016

La contracrítica de los Oscar (III): 1980, 'Gente corriente' vs 'Toro salvaje'


La tercera entrega nos lleva hasta 1980, durante la LIII edición de los Oscar, por la que competían Gente corriente, El hombre elefante, Quiero ser libre, Toro salvaje y Tess.

¿Quién se llevó el Oscar?: Gente corriente
A finales de los años 1970, el melodrama copaba las salas de cine. Los espectadores acudían en tropel adormecidos por esta mezcla cinematográfica que entraría de lleno en los años 1980. Dentro de todo ello, su cenit se concentró en Gente corriente, película dirigida por Robert Redford, quien ganó su único Oscar como director gracias a la historia que adaptó Alvin Sargent de la novela homónima de Judith Guest. De todas las candidatas, estamos de acuerdo que la historia dictaminó que fuera la ganadora del Oscar a Mejor película, pero es una de las tantas criticadas por lo mismo. No hay que menospreciar la labor de Timoty Hutton, quien concentra gran parte de la carga actoral del filme, pero se necesita algo más que un solo personaje para mantener el barco.



¿Quién debió llevárselo?: Toro salvaje
Recapacitemos un poco. Hay que pararse en Toro salvaje, primera de las grandes obras maestras del neoyorquino Martin Scorsese que llegó alto en los Oscar. ¿No bastaba, además de ser portentosa y genial, por ser una mirada al interior de la locura de Jake LaMotta? El boxeador al que dio vida, alma y sentimiento un increible e irreconocible Robert de Niro por el que ganó su primer Oscar. Más allá de todo eso, hay que sumarle la fotografía de Michael Chapman, el guión de Paul Schrader, que también pasó desapercibido por la Academia, y la edición a cargo de Thelma Schoonmaker en la primera película que trabajó codo con codo con Scorsese. La Academia tendría algunas pullas más por lanzar contra Scorsese después de su ninguneo a Toro salvaje, y no sería hasta el siglo XXI cuando se lo concedería por Infiltrados. El premio final en el momento inadecuado con la película equivocada.

martes, 16 de febrero de 2016

La contracrítica de los Oscar (II): 1956, 'La vuelta al mundo en ochenta días' vs 'Los diez mandamientos'


Segunda contracrítica. Avanzamos hasta 1956, año de contrastes en los premios de la Academia. En la XXIX edición de los premios Oscar se enfrentaban por la Mejor película cinco películas: La vuelta al mundo en ochenta días, La gran prueba, Gigante, El rey y yo y Los diez mandamientos.

¿Quién se llevó el Oscar?: La vuelta al mundo en ochenta días
Basada en la novela de Julio Verne, la película dirigida por Michael Anderson costó cerca de 6 millones de dólares de la época. Una producción que muchos vieron pender de un hilo a lo largo de todo su proceso, siempre por culpa del dinero. Fue una adelantada a su tiempo en materia de creación de los créditos, ya que en lugar de suceder las letras, estas fueron animadas. Es reconocida por ser la película que le dio a Cantinflas su único Globo de Oro. Ganadora de cinco estatuillas, Anderson se vio privado de la Mejor dirección, que recaló en George Stevens por Gigante.



¿Quién debió llevárselo?: Los diez mandamientos
Una de las obras mastodónticas del cineasta Cecil B. DeMille, precisamente la última que rodó, es ya uno de los clásicos entre clásicos en las reposiciones de Semana Santa, una de las producciones que se antojaba a dejar huella en el panorama del género bíblico como lo hicieran también Quo Vadis? o Espartaco. El filme contaba con un casting de estrellas de diez para la época: Anne Baxter, Yul Brynner, Edward G. Robinson, Yvonne De Carlo u Olive Deering. No se puede olvidar a Charlton Heston, cuya interpretación de Moisés pasó desapercibido en las nominaciones. Los diez mandamientos también hay que recordarla por sus efectos especiales, únicos para los años que corrían en Hollywood. El paso del pueblo judío por el Mar Rojo en la versión de DeMille ya ha quedado para la posteridad. En la actualidad, Debra Parget, quien daba vida a Lilia, es la única actriz de la película que sigue viva.

lunes, 15 de febrero de 2016

La contracrítica de los Oscar (I): 1941, '¡Qué verde era mi valle!' vs 'Ciudadano Kane'


Empezamos este dossier de diez entregas con la primera gran contradicción expuesta por Independent. Corría el año 1941, pocos meses antes de que Alemania iniciara su operación Barbarroja y la invasión de la Unión Soviética durante la Segunda Guerra Mundial. En la XIV edición de los premios de la Academia se enfrentaban por el premio gordo diez películas, entre ellas Ciudadano Kane, ¡Qué verde era mi valle! o El halcón maltés.

¿Quién se llevó el Oscar?: ¡Que verde era mi valle!
La película dirigida por John Ford acabó tentando más a la Academia contando las vivencias de los Morgan, una familia galesa durante la crisis minera de finales del siglo XIX. Protagonizada por Maureen O'Hara, Roddy McDowall y Walter Pidgeon, es una muestra de la lucha sindical por la mejora de los salarios y de las condiciones de los trabajadores frente a los patronos. Una imagen que contradice el papel del padre de familia de los Morgan, quien prefiere evitar hablar del socialismo y de los sindicatos.



¿Quién debió llevárselo?: Ciudadano Kane 
Cinta obligadísima en muchas facultades de Periodismo, la obra magna de un joven y visionario Orson Welles es, según diversas críticas y listas cinematográficas, la mejor película de todos los tiempos. ¿Quién no recuerda su comienzo? Ese susurro de Rosebud tan enigmático que envuelve toda la cinta. A pesar de ser un fracaso en taquilla, la crítica la encumbró. Welles retrató la tiranía y la especial banalidad de una imagen del todopoderoso William Randolph Hearst, quien, obviamente, la detestó hasta su muerte, algo que puede verse en la producción de HBO RKO 281 (1999). Welles debería conformarse en esa edición con el Oscar a Mejor guión original. Solo la Academia supo recompensarle en 1971 con el premio honorífico. Quizá un poco tarde.

sábado, 13 de febrero de 2016

La contracrítica de los Oscar. Las diez películas que merecieron llevarse la estatuilla y no lo hicieron

¿Para qué variar? Nos podemos preguntar. A lo largo de las 87 ediciones anteriores de los Oscar, hemos tenido casos muy notables en los que los periodistas, críticos, académicos y, en general, el público, nos hemos quedado atónitos al ver que nuestra candidata, nuestro filme favorito no se ha llevado el Oscar a Mejor película. Quien recuerde el gesto de Jack Nicholson al ver que Crash se imponía a Brokeback Mountain sabe de lo que aquí se escribe. Por eso, y en vísperas de la próxima gala de los premios de la Academia, Rebuscando el Norte va a plasmar lo que de acuerdo con el rotativo británico Independent han sido los diez mayores robos de los Oscar. Las peores películas que lo ganaron y no debieron hacerlo. Diez ejemplos generacionales con los que uno podrá debatir antes del próximo domingo 28 de febrero.

viernes, 3 de agosto de 2012

'Prometheus', el viaje de Scott al origen de Alien


Si hay alguien que puede levantar pasiones y acumular críticas sin perder el compás, ese sería Ridley Scott (30 de noviembre de 1937). Sólo aquellos que marcan su impronta, un sello personal en varias generaciones de cinéfilos, puede merecer el respeto que le precede. Autor de mitos del séptimo arte como Alien: el octavo pasajero (1979) o Blade Runner (1982), su carrera ha experimentado los altibajos de muchos directores –proponga uno sólo cuya carrera ha sido una estela ascendente–, pero no por ello ha perdido las ganas y la ilusión de llevar sus sueños o proyectos a la gran pantalla.

Forma parte de la quinta –amplia– que no ha subido al escenario a recoger el Oscar, pero pocos tienen el honor de ser el “ingeniero” de elementos visuales que cambiaron la forma de pensar de muchos, en pleno auge del imperio Jobs. A él, a ese perspicaz ingenio británico, más de uno le debe su afición a Apple gracias a su anuncio de 1984.

Tres décadas después de levantar el vuelo de la Nostromo, Scott aterriza con la tripulación de la Prometheus, dispuesto a desvelar algunas incógnitas del mundo Alien. Dicen que “la curiosidad mató al gato”. Pues bien, si el felino de Sigourney Weaver tuvo sus más y sus menos a la hora de toparse con la bestia de Alien, Scott da una vuelta de tuerca en su propio universo y presenta en Prometheus a la curiosidad hecha persona, a la reencarnación de la teniente Ripley y heroína del siglo XXI, la arqueóloga Elizabeth Shaw (Noomi Rapace).

El espectador verá ciertos elementos de la franquicia, guiños a esa particular “cadena de ADN de Alien”, pero Prometheus está concebida como algo independiente, una historia única desde el principio, aunque los aires de precuela dominen. Lo que supone el regreso de Ridley Scott a la ciencia-ficción es el resultado más ambicioso del género en años. Un proyecto que fue tentado a algunos directores. Antes de relanzarlo, Scott propuso a Carl Erik Rinsch como director de la película, idea rechazada por la insistencia de la 20th Century Fox hacia Scott. No fue el único, pues James Cameron, quien mamó en sus comienzos del universo Alien, estaba en aras de desarrollar una quinta película para y ahondar en el origen de los xenomorfos. Todo quedó en saco roto al conocer que Scott tenía todas las papeletas para retornar con el proyecto de Prometheus bajo el brazo.

Scott presenta en el espacio una realidad oscura y un poderío visual a la que tiene que hacer frente la expedición de Shaw, encabezada por la figura corporativa Meredith Vickers, en otro papel asombroso de la sudafricana Charlize Theron, junto a Michael Fassbender como el androide David. Un plantel de actores de primera, liderado por uno de los iconos en la dirección del séptimo arte para una precuela de un mito cinematográfico, considerada uno de los estrenos más esperados en el 2012. Elementos que por separado animan a pensar en algo grande, conectados entre sí sólo pueden llamar a la buena suerte y al triunfo en taquilla.

Un origen “divino” para algo maldito
La mitología griega dejó el legado de Prometeo, y Scott ha sido el encargado de darle forma en la gran pantalla. El titán que dio origen a la raza humana por encargo de Zeus, declarado en rebeldía tras robar el fuego del Olimpo. Dando sentido al nombre de la nave, enviada en busca del origen de la humanidad, el director británico pone sobre las mesas las respuestas a algunas preguntas no resueltas en 1979, en especial sobre los Space Jockeys.

El padre fundador, sumo creador, del universo Alien, concluye que estos “ingenieros”, fueron los encargados del soplo de vida que pobló la Tierra, cuyas pruebas fueron recogidas en diversas expediciones arqueológicas alrededor del mundo miles de años después por la expedición de Elizabeth Shaw.

Como si de un catastrófico error se tratara, plantearon destruir la civilización que habían creado, siendo víctimas de sus propia construcción. Damon Lindelof, co-guionista (junto a Jon Spaiths) de Prometheus y creador de la serie Lost, defendió antes de su estreno en Estados Unidos la peculiaridad de los Space Jockeys, a los que identifica como humanos, en una mayor dimensión, “pálidos, sin pelos y ojos negros”. La reconocida imagen del alienígena exoesquelético de Alien: el octavo pasajero era el traje de astronauta de uno de estos “ingenieros”.

Prometheus, una misión complicada
Toda misión que tenga como objetivo conocer los orígenes de la humanidad no puede acabar bien. Siempre habrá algo –o alguien– que tenga el objetivo de atrasarlo y destruir las pruebas. Prometheus comprende la realización y visión futurista de una de las preguntas más importantes de la humanidad, el súmmum de la existencia que, sin entrar en materia filosófica, plasma en algo más de dos horas. Si uno juega con fuego, al final acaba quemándose. Scott ya avisaba en la presentación ante los medios: “[la película] hace referencia a la saga Alien, pero gira en torno a otra idea: uno no va por ahí jodiendo a los dioses”. Pero si uno termina por experimentar con ciencia y religión, la mezcla puede ser volátil, explotando por la inestabilidad de esa prueba. Explorar los límites de la fe, llegar a confines insospechados para obtener respuestas y sacrificarse por ellas es algo que mezcla el papel de Noomi Rapace, “una creyente, con fe y buen corazón”. “Una dualidad compleja y enriquecedora”, como añadió la actriz sueca.

A pesar de la complejidad con la que puede sonar el planteamiento de Prometheus, que rodó en los estudios Pinewood (los mismos del agente 007) y en exteriores en Islandia, Scott ha cosido la historia de tal manera que el espectador disfrute de una historia hecha tanto para el seguidor y conocedor de la saga Alien como para el que desconoce todo. Aún lejos de avanzar algo, si se confirman rumores y éxitos en taquilla, las posibilidades de una secuela serían bastante amplias, y sería la 20th Century Fox la encargada de dar luz verde a un nuevo proyecto. Algo lejos de la mente de Scott actualmente, pero quizá viable a finales de año o en el 2013.

La vuelta de Ridley Scott a la gran pantalla es una buena noticia para la industria, para los miles de seguidores de su estilo y. más aún, para los que han esperado desde la última de Jean-Pierre Jeunet para ver algo formal de la historia original. Contemplar algo innovador, los inicios de este particular universo, los pequeños comienzos de algo grande, así como ver a Noomi Rapace en la piel de la nueva teniente Ripley, a Michael Fassbender o a Charlize Theron como la mala de turno, son algunas de las muchas bazas con las que la nave Prometheus emprende el rumbo hacia el origen del mal.

lunes, 16 de julio de 2012

Navas de Tolosa, una victoria decisiva


Tras cinco siglos de presencia musulmana en la Península, el fenómeno de la Reconquista estaba en un momento determinante. El seguir avanzando hacia el sur conllevaría la reducción del poder almohade en la Península, recuperando el territorio perdido desde el 711, cuando Don Rodrigo se vio sentenciado en Guadalete. 500 años de coexistencia, entre la paz y la guerra, deberían cerrarse para uno de ambos bandos, vencido por el rival más fuerte, quien terminaría por escribir su nombre victorioso en la historia de España.

Fue en 1212 cuando en Navas de Tolosa se dio el primer gran movimiento promovido por la unión de los reinos cristianos de la Península. Baza jienense importante por su situación cercana a Sierra Morena, fue el paso previo para la caída de los almohades y la desintegración de la unión musulmana.

Historiadores y cronistas de la época concuerdan en catalogar a ‘La batalla’, llamada así en las crónicas del siglo XIII, como algo decisivo para el interés cristiano, del que sacó mayor tajada Alfonso VIII de Castilla, quien vio extendidos sus dominios tras la contienda. El antecedente directo para entender la importancia de la batalla de las Navas de Tolosa está en lo acaecido en Alarcos (Ciudad Real) en 1195. Posiblemente, la derrota más dolorosa para el rey castellano, en el que no sólo se perdieron miles de hombres, también la oportunidad para avanzar terreno y echar a los almohades de la Península. Dicho retroceso llegó a amenazar al valle del Tajo y a la mismísima ciudad de Toledo. El entonces califa almohade, Abu Yaqub Yusuf al-Mansur, capitaneó a sus tropas hasta meter el miedo a Castilla, Navarra y Aragón, quienes tuvieron que firmar la paz. Su sucesor, Muhammad Al Nasir, preparaba en 1212 una gran ofensiva que pretendía finiquitar el trabajo iniciado por su predecesor. Las noticias de un avance de las tropas almohades aunaron fuerzas para enfrentarse a ellas.

La unión previa
Alfonso VIII de Castilla, decidido a redimirse de la derrota de Alarcos, lideró la mayor contienda celebrada en el siglo XIII. Apoyado por el arzobispo de Toledo, Rodrigo Jiménez de Raday, así como por el papa Inocencio III, al que pidió la predicación de Cruzada, busco aliados entre los reinos cristianos. Así pues, se le unieron Pedro II de Aragón y Sancho VII de Navarra, así como las órdenes militares de Calatrava, Malta, Santiago y del Temple.

Los efectivos se ampliaron gracias a los refuerzos enviados por Alfonso II de Portugal, yerno del rey; así como por los voluntarios europeos (franceses, alemanes e italianos) y los cedidos por Alfonso IX de León, quien quería como aval para participar la devolución de sus territorios por parte de Castilla. En números, se hablaría de unos 70.000 soldados, si bien las cifras históricas constataron algo más del doble.

Toledo marca el camino
Ganada por Alfonso VI, en Toledo mandó reunir Alfonso VIII a todas las huestes a comienzos de verano de 1212. Tras el avance hacia el sur y la conquista de Malagón (Ciudad Real), gran parte de los voluntarios europeos –llamados ultramontanos– decidieron desertar debido a las condiciones climáticas de la estepa manchega y a la oposición a varias de las órdenes de Alfonso VIII. A pesar de la deserción de la gran mayoría de estos auxiliares, el grueso del ejército seguía fiel al objetivo, y a última hora se les unieron 200 caballeros navarros apoyados por Sancho VII.

Se conquistó Calatrava a los pocos días de Malagón, y en la jornada del 12 al 13 de julio, se acercaron al actual municipio de Santa Elena (Jaén), cerca de donde las tropas almohades esperaban la orden para avanzar.

La espera antes del combate
El monumento de Navas de Tolosa,
en La Carolina
Santa Elena goza, hoy en día, de una situación estratégica única. Paso natural entre Ciudad Real y Andalucía, por sus terrenos pasa el río Despeñaperros, cuyo desfiladero anda cercano. Cuenta la leyenda que los ejércitos cristianos sorprendieron a los infieles gracias a la ayuda de un pastor de la zona, Martín Halaja, que era buen conocedor de varios pasos en Sierra Morena, llegando a indicar a los caballeros de Diego López II de Haro, señor de Vizcaya, el adecuado para situarse cerca del flanco occidental del campamentos almohade, en una meseta actual llamada Mesa del Rey. Hoy, desconocida por muchos dicha leyenda, un monumento en La Carolina recuerda la historia de aquel joven pastor.

Claro que esto forma parte de una leyenda, si bien no hay base histórica cierta que avale la existencia de dicho pastor, al que llegaron a confundir (como pasaría en varias ocasiones posteriormente) con algún santo que protegía dicha campaña, en este caso San Isidro.

Con un calor sofocante, propio del sur peninsular en verano, las tropas tuvieron algunas escaramuzas a su llegada con las tropas mandadas por Al Nasir. El cúmulo de condiciones climáticas, mezclado con las ansias por acabar con el objetivo y el miedo a posibles deserciones debido al estacionamiento, fueron algunos de los desencadenantes de la batalla del lunes 16 de julio de 1212.

No se sabe muy bien cómo transcurrieron las horas previas. Muy probablemente fueron horas de tensión, con fogatas frente a las tiendas, testigos mudos de miles de soldados y nobles velando armas y rezando frente al capellán que les santigua antes de entablar combate contra los infieles. Horas antes de sacrificar sus vidas en aquella Cruzada.

Tres contra uno
Miramamolín, como llamaban los cristianos al califa Al Nasir, tenía dispuesto para esa mañana más de 120.000 efectivos listos para combatir. Su ejército estaba conformado por auxiliares procedentes de diversas partes del Imperio almohade: infantería marroquí, voluntarios andalusíes, caballería africana y mercenarios turcos, libios y egipcios, además de la Guardia Negra, contingente procedente de las tierras de Senegal, cuya fiereza en el combate la hacía bastante peligrosa. En primera línea se dispuso a los andalusíes y mercenarios, grueso de su formación, apoyados en segunda línea por el resto de tropas almohades y los arqueros, flanqueados por caballería bereber.

Al otro lado, se encontraban tres reyes. Tres con un objetivo en común, la de vengar la derrota de Alarcos y cercar el poderío almohade. Cada uno: Alfonso VIII de Castilla, Pedro II de Aragón y Sancho VII de Navarra, presentaron batalla dejando atrás sus ambiciones personales y las de su reino para luchar contra el único enemigo que allí valía, el presente desde hacía casi cinco siglos en la Península.

Divididos en tres cuerpos, el centro de la posición cristiana fue ocupado por la caballería castellana, liderada por el señor de Vizcaya y abanderado de Castilla, Diego López II de Haro, así como por el alférez de Castilla, Álvaro Núñez de Lara. Defendiendo la espalda del mismo estaban las tropas a los mandos de Alfonso VIII y el arzobispo de Toledo. En el ala izquierda se posicionaron las tropas aragonesas mandadas por Pedro II y en la derecha las huestes navarras de Sancho VII. Velando la retaguardia del grueso, el resto de milicias castellanas, así como los caballeros de las órdenes militares.

A pesar de contar con menos de la mitad de soldados que los almohades, Diego López II de Haro inició el combate liderando el primer ataque, respondido por un simulacro de retirada de las vanguardias musulmanas. Nada más lejos de la realidad, los almohades lo planearon para atacar con el grueso de sus tropas a las fuerzas del centro, obligando a retroceder. Los miles de caballeros que mandó Diego López combatieron ferozmente, pero ello no impidió su retirada. Tras varias oleadas en las que los almohades iban ganando terreno, muchas de las tropas decidieron replegarse, a excepción de las de López de Haro y las mandadas por las órdenes militares, quienes llevaron gran parte del peso y sufrieron el mayor número de bajas.

Los almohades, en lugar de aprovechar el factor campo y su fuerte defensa en combate cerrado, decidieron, al conocer el retroceso cristiano, romper la formación, desequilibrando así la balanza. Esta peligrosa maniobra sentenció el centro de su ejército, por el que se adentraron los soldados ganando poco a poco terreno.

Sería la decisión de Alfonso VIII de lanzar una carga para quitar el peso a López de Haro lo que decidiría el final. Los tres ejércitos se lanzaron con todos los efectivos disponibles flanqueando y rodeando al ejército almohade al grito de "Santiago y cierra, España", frase y clamor militar que tuvo gran importancia durante la Reconquista. Destaca la astucia con la que cargó Sancho VII de Navarra, quien hábilmente se coló en el campamente personal del califa con doscientos de sus caballeros. Esa valentía y fiereza propia del navarro finalizó una jornada llena de humo y sangre. Las últimas tropas personales de Al Nasir murieron en combate casi sin actuar. Él, por su parte, en un último intento por salvar su vida, dejó a su suerte a las pocas tropas que aún le resistían en el combate.

La leyenda atribuye las cadenas del escudo
de Navarra a la batalla de Navas de Tolosa
La leyenda nuevamente decora la batalla de Navas de Tolosa al afirmar que las cadenas que los soldados del ejército personal del califa portaban fueron rotas por las espadas de la escuadra navarra, y que posteriormente fueron incorporadas al escudo del Reyno, así como la gema esmeralda del medio, que según afirman decoraba un laborioso Corán encontrado en la tienda.

Consecuencias
Al finalizar la jornada del lunes 16, las pocas tropas almohades que restaban huyeron, incluido Al Nasir. Las bajas en ambos bandos son díficles de constatar, si bien las crónicas hablan de pocas en el bando cristiano y del casi el 85% en el almohade. Dentro del botín de guerra que consiguieron, se conserva en el Monasterio de Las Huelgas (Burgos) el pendón de Las Navas, un tapiz que cubría el suelo de la tienda personal del califa.

Se recuperaron los castillos de Vilches, Ferral, Baños y Tolosa, además de liberar Baeza y Úbeda, donde se decidió regresar, una vez eliminada las últimas tropas de Al Nasir. Varios prisioneros fueron ejecutados cerca del campo de combate, y otros muchos fueron despeñados por el cañón del río, zona conocida actualmente como desfiladero de Despeñaperros, cuya versión del nombre viene de los pobladores musulmanes y prisioneros o “perros infieles” tirados desde esta zona.

El imperio almohade terminó por ser un mero espejismo de sus años de gloria. Al Nasir jamás terminó por asumir lo que perdió aquel día de julio, y terminó por abdicar en su hijo Yusuf II. Lejos de ser un mandato fuerte, las grietas que Navas de Tolosa había abierto nunca cicatrizaron, dejando a su suerte a sus sucesores, que verían cómo caían sucesivamente Córdoba (1236), Valencia (1238) y Sevilla (1248).

Sancho VII el Fuerte sería el más longevo en gobernar tras la batalla. Alfonso VIII murió en Gutierre-Muñoz (Ávila) en 1214 y Pedro II en 1213 en la batalla de Muret. Navas de Tolosa terminó por ser no ya la batalla más importante del siglo XIII, sino una de las más decisivas del Medievo español, cuyo final se considera algo tajante en el devenir de España y de Europa. Si las tropas cristianas no hubieran detenido el avance almohade en Jaén, aupadas por lo que supuso la victoria en Alarcos, éstas hubieran intentado una conquista del norte peninsular, dejando atrás el trabajo realizado en la Reconquista. Fruto del desastre almohade terminó por ser la creación de los terceros reinos de taifas y del reino nazarí de Granada, en 1238, último escollo de resistencia en España hasta 1492.

sábado, 30 de junio de 2012

La noche más larga de Hernán Cortés


Si la máquina de la historia retrocediera hasta mediados del siglo XVI, se encontraría a un Hernán Cortés (Medellín, 1485 – Castilleja de la Cuesta, 1547) abatido, cansado de batallas y políticos corruptos en la corte de Carlos I que ninguneaban sus victorias. Solo en sus momentos más difíciles, recordando en sus últimas horas a tantos compañeros de fatiga muertos en el Nuevo Mundo, recordando a la Malinche, la indígena que tomó por intérprete y esposa, y a Martín, su hijo.

Olvidado por muchos y recordado por unos pocos, el extremeño marcó un antes y un después, una impronta personal, en la era de los conquistadores. Su historia está plagada de luces y sombras, propia de un aventurero lanzado en pos de la victoria, en aras de lo desconocido por fortuna y honor. No sólo se enfrentó al gobernador de Cuba, Diego de Velázquez; también fue capaz de evitar la huida de sus tropas, disconformes con sus objetivos, quemando sus naves y vencer y, posteriormente, sobornando a gran parte de las tropas enviadas para capturarle para que se le unieran a su causa.

Vencedor de la batalla de Otumba (7 de julio de 1520), en la que según cuenta Bernal Díaz del Castillo, cronista de la conquista, mucho tuvo que ver Santiago Matamoros, aunque gran parte de ese esfuerzo estuvo en sus aliados tlaxcaltecas, ultimó su objetivo en agosto de 1521 al volver a entrar triunfante en Tenochtitlán, capital del Imperio azteca, reconvertida en tierras de la Corona de Castilla.

Otumba fue la revancha personal de Cortés contra los mexicas. Una afrenta consecuencia de lo acaecido una semana antes, la noche del 30 de junio al 1 de julio, que pasó a los anales con el sobrenombre de la Noche Triste. Esa noche Cortés perdió mucho más que tropas y botín; perdió todo aquello que le precedía. Ni las lágrimas que supuestamente derramó ante el famoso árbol aliviaron una cicatriz que duró en él mucho tiempo.

La matanza del Templo Mayor inicia los acontecimientos
Grabado de la matanza del Templo Mayor
Cortés se ausentó de la ciudad para alcanzar a las tropas de Pánfilo de Narváez, enviadas desde Cuba con el fin de capturarle. Antes de su marcha, cedió todo el poder sobre Tenochtitlán a Pedro de Alvarado. En este tiempo, se produjo la matanza de Tóxcatl. Díaz del Castillo cuenta que se produjo una agresión a los mexicas, partiendo del rumor que había de que éstos iban a atacar a los españoles. La versión azteca sugiere lo contrario.
Alvarado mandó atacar a la población azteca desarmada durante la celebración de una fiesta religiosa. La de la celebración de un acto religioso que fue aprovechado por las tropas para atacar al pueblo desarmado.

Cuando Cortés regresó, enterado de lo sucedido, recriminó a Alvarado por dicha acción. Los habitantes de la ciudad decidieron romper toda relación con los españoles, lo que fue respondido con el secuestro de Moctezuma II en el palacio donde se defendían las tropas para evitar un levantamiento popular. Junto a él, se mantuvieron a varios cargos importantes, tanto políticos como eclesiásticos, hasta que la situación mejorase.

Cuitláhuac, hermano de Moctezuma, aprovechó las circunstancias para promover un golpe de Estado que le provisionara de todos los poderes para alzarse como nuevo cacique. Moctezuma, a efectos prácticos, seguía teniendo autoridad moral, pero estaba lejos de movilizar a su pueblo. Las diversas negociaciones que tuvieron Cortés y los emisarios de Cuitláhuac finalizaron en la liberación de varios de los cargos eclesiásticos secuestrados tras la masacre del Templo Mayor. Cortés erró en esta acción, al demostrarse que éstos daban a Cuitláhuac plenos poderes para movilizar a su pueblo, quien terminó por atacar desde el 24 de junio el palacio de los españoles, defendido a expensas de quedarse con poca munición y varios heridos.

Tras varios días rodeados de miles y miles de soldados del nuevo cacique, Moctezuma intentó apaciguar los ánimos del pueblo, al que habló desde uno de los balcones del palacio. Su discurso fue interrumpido por una nueva lluvia de piedras, una de las cuales le hirió mortalmente en la frente. Su vida se apagaría la víspera de la salida final, el 29 de junio de 1520.

Díaz del Castillo en su obra Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, crónica oficial de la expedición, cuenta que “Cortés lloró por él, y todos nuestros capitanes y soldados, y hombres que le conocíamos y tratábamos, le lloramos como si fuera nuestro padre”. Siguiendo su versión, al conocerse la noticia de su muerte, “no cesó la gran batería que siempre nos daban de vara, piedra y flecha”.

El plan de salida
Muerto Moctezuma, y con las escaramuzas en aumento, Cortés no se planteaba abandonar la ciudad. El diplomático mexicano Juan Miralles (1930), autor de su biografía, argumenta que sus planes se vieron torcidos por un horóscopo. Blas Botello fue quien vaticinó que si no salían esa noche “no quedaría hombre de ellos a vida”. Estos rumores fueron extendiéndose por la tropa, y de aquí a los capitanes, que acordaron “juntándose todos ellos y habiendo llamado a otros, tuvieron consejo sobre ello, y se determinaron de salir aquella noche”. Es, por tanto, una salida contraria a la voluntad de Cortés.

Las horas previas a la marcha fueron convulsas. El padre Olmedo bendijo a la expedición, sabedor de que muchos perecerían aquella triste noche. Los carpinteros construyeron con maderos y tablas los puentes portátiles que servirían para pasar las distintas calzadas que unían la ciudad con la otra orilla de la laguna que rodeaba Tenochtitlán. El factor importante con el que partieron las tropas, que ayudó y condenó a partes iguales, fue el de la artillería, muchas de las cuales terminaron por hundirse debido al peso, y con ellas varios soldados que fueron asignados a su cuidado.

La última predisposición expuesta por Díaz del Castillo fue la salida del oro y su reparto. Las cifras hablan de unos “setecientos mil pesos de oro” del tesoro de Moctezuma en la sala del reparto. Tras reservar el quinto para el Emperador, y cogiendo los capitanes sus correspondientes partes, más que algo ordenado, quedó constatado que aquello fue un acto carroñero, en el que la ambición pudo con muchos soldados, sentenciándoles más tarde. Algunos como el propio Díaz del Castillo se conformaron con poco, en su caso con cuatro chalchiuis, unas piedras preciosas para los aztecas.

En el plan ideado deprisa y corriendo por Cortés y los suyos abrirían la marcha los capitanes Gonzalo de Sandoval y Antonio de Quiñones, al frente de veinte a caballo y doscientos a pie. A continuación Magariño con los cuarenta hombres que transportaban el puente. Cortés iría en el centro junto a Diego Ordaz, Francisco Saucedo, Francisco de Lugo, Alonso de Ávila, Cristóbal de Olid y cien soldados a pie. Tras ellos, unos treinta soldados y más de trescientos auxiliares tlaxcaltecas, encargados de proteger a Marina y a una serie de nobles indígenas, entre ellos dos hijas de Moctezuma, otro hermano suyo y el heredero Chimalpopoca, así como doña Luisa, la esposa indígena de Pedro de Alvarado y María de Estrada. En la parte final de la marcha, más auxiliares indígenas y decenas de mujeres de servicio, protegidos por Pedro de Alvarado, Juan Jaramillo y Juan Velázquez de León, que cerraban la formación.

La noche triste, huida bajo la lluvia
La noche del 30 de junio llegó como una premonición. Tras una fuerte granizada, y bajo la tenue cortina de lluvia que helaba una noche cerrada, las tropas de Cortés avanzaron a través de las calles desiertas de la ciudad en dirección a Tacuba, una de las calzadas principales -que en la actualidad se sitúa sobre el centro neurálgico de México D.F.- de Tenochtitlán que conectaba con el otro lado de la laguna de Texcoco.

Huída de las tropas de Cortés por la calzada de Tacuba
No se conoce bien qué desencadenó el combate. Unos hablan de una mujer que salió a por agua a la calzada y dio la voz de alarma, otros, que sabedores de que huirían, esperaron agazapados la ocasión. Lo cierto es que al poco tiempo tambores y trompetas llamaron al combate mientras centenares de antorchas iluminaban como un gran fuego la laguna, de donde aparecieron canoas con multitud de guerreros dispuestos a evitar su salida.

El camino de Tacuba, hoy suelo firme, en 1520 formaba parte del terreno fanganoso de la laguna, cuya calzada estaba cortada en varios tramos. Los porteadores tuvieron que colocar, fijar y quitar los puentes a medida que saltaban los pasos. La lluvia provocó que varios caballos, según las crónicas, resbalaran y cayeran a la laguna con su jinete a lomos. La descarga de las armas de Cortés fue decisiva, aunque la masiva avalancha de flechas por parte de los aztecas hirió a varios de los soldados, muchos de los cuales se hundieron por no querer deshacerse de las piezas de oro que llevaban en los bolsillos.

Una vez se llegó a tierra firme, en la otra punta de la laguna, Cortés reunió a varios de los hombres que aún estaban capacitados para luchar y volvieron a la calzada en rescate de las tropas atrapadas. En su regreso, encontraron a la única española que acompañó a las tropas, María de Estrada, luchando armada de espada y rodela defendiendo la salida de las tropas por la calzada. Pedro de Alvarado fue encontrado guardando la retaguardia ferozmente, llegando a estar a punto de ser hecho prisionero por los aztecas de no ser por la actuación de Martín de Gamboa, quien le sacó con su caballo. Cuenta la leyenda que, tras perder a su yegua, salvó la vida saltando uno de los canales apoyándose en una lanza. Hoy, esta historia parece no ser válida, ya que Díaz del Castillo, testigo presencial, desmintió tal hazaña asegurando que la profundidad del agua y la anchura del canal descartaban tal suceso.

Fatigados, y sin fuerzas para continuar, las tropas tuvieron que hacer un último esfuerzo para ponerse a cubierto en Tacuba. No existió ningún árbol de la Noche Triste, a pesar de la leyenda que ronda al famoso ahuehuete.

Un amargo amanecer
Cortés sí que tuvo motivos para llorar, pero no bajo un árbol. Había perdido a muchos de sus compañeros: Juan Velázquez de León, Francisco de Lugo, Pedro González de Trujillo, Lares el Buen Jinete, Orteguilla el Paje y su padre o Blas Botello, a quien poco le sirvió su predicción, entre otros muchos. Centenares de sus soldados y auxiliares, así como los prisioneros de la familia de Moctezuma, murieron. Muchos de los caballos se habían perdido y el tesoro que llevaron ahora descansaba en las profundidades de la laguna, incluido el quinto del Emperador.

Aquellos soldados que fueron heridos y quedaron a merced de los aztecas fueron hechos prisioneros y sacrificados en los altares de los templos. Los aztecas saciaban su sed de sangre ofreciendo a sus tenebrosos dioses los corazones paganos de los españoles. Macabra visión la que aguantaron los supervivientes, quienes oían en la lejanía los tambores y cantos rituales.

La experiencia de aquella noche caló hondo en el ánimo del viejo conquistador. Había sobrevivido a una matanza jamás imaginada; rezaba y daba gracias a Dios por salvar a todos los hombres posibles y a su querida Marina; pero esta derrota no significaría su final en México. Cortés, diezmado y con las tropas aún en baja estima, marchó hasta Otumba, donde una semana después dio venganza a todos los caídos en la Noche Triste. La importantísima victoria de Otumba, en la que partía con una desventaja de uno frente a setenta hombres, levantó los ánimos de los hombres, quienes recibieron refuerzos auxiliares de sus aliados tlaxcaltecas para sus próximas campañas.

Un año después Tenochtitlán caía. Cuitláhuac, el cacique que derrocó a Moctezuma había fallecido en noviembre de 1520 debido a la viruela traída por las tropas de Narváez, y Cuahtémoc, su sucesor, se rindió ante la superioridad española. Más de cien mil soldados aztecas murieron entre mayo y agosto de 1521, durante el asedio final a la ciudad.

Cortés demostró ser un hombre de empuje, sin miedo a las adversidades y movido por sus propios principios. Moriría mucho más tarde lejos de América, lejos de los lugares donde dejó huella, olvidado por muchos, incluido su Emperador Carlos I. A pesar de ello, su mirada seguía siendo la misma que la del joven que llegó a Cuba en busca de fortuna y hacerse un nombre. La del infatigable guerrero y estratega que había entrado en Tenochtitlán y conquistado México.

viernes, 25 de mayo de 2012

'MIB 3': regresan los hombres de negro


No hay dos sin tres. Eso es lo que tuvo que pensar Columbia Pictures, productora de la saga Men In Black, al plantearse una vuelta de tuerca con Men In Black 3, que hoy llega a las salas españolas. Éxito a finales de los noventa, la secuela superó las expectativas en el 2002 colándose como una de las más taquilleras ese año con más de 400 millones de dólares de beneficio. Diez años después de la segunda entrega, el afán por resurgir el mito de los hombres de negro ha vuelto a reunir a Will Smith y Tommy Lee Jones bajo la dirección de Barry Sonnenfeld, nuevamente producida por Steven Spielberg, cuyo feeling con el tema extraterrestre es más que conocido.

Tras salvar a la Tierra y hacer frente al monstruo Serleena, en esta última entrega, J (Will Smith) deberá viajar al Nueva York de 1969 para detener a Boris, un criminal alienígena que quiere asesinar a K (Tommy Lee Jones), cambiando así el devenir de la Tierra. J debe encontrar al joven agente K (Josh Brolin) para detener en algo menos de 24 horas a Boris, o podría quedar atrapado en el pasado para siempre.

Un rodaje atípico 
Al contrario que sus anteriores, Men In Black 3 no tuvo consigo un buen comienzo. En 2010, la productora tenía el objetivo de llevarla a cabo en 3-D, tecnología que sigue sin convencer del todo a la industria cinematográfica por su alto coste y escasos beneficios. Con un rodaje complejo, su postergación obligó a los estudios a ampliar en varias ocasiones su presupuesto, dejando un final superior a los 215 millones (ochenta más que su predecesora).

El segundo problema grave estuvo en el guión. En un principio, Ethan Coen fue el designado para escribir la historia de MIB 3, pero diversas circunstancias llevaron a que fuera cesado y sustituido por David Koepp, quien continuó gran parte del guión según se iban desarrollando las escenas y el planning de rodaje. El afán protagonista de Will Smith, cuya acción recuerda a la polémica en El Príncipe de Bel Air, obligó a relegar a un segundo plano al resto de compañeros de cinta, motivando así diversas reescrituras. El propio Koepp llegaría a decir posteriormente que su trabajo con Sonnenfeld y Smith fue “verdaderamente infernal”.

Estas dos características son los principales problemas que más miedo pueden dar a la hora de vender el producto. Primero: en lo financiero hay que esperar hacer buena caja en el mercado internacional, pero en especial en Estados Unidos. Si en las primeras semanas no se consigue recuperar lo invertido, el estudio podría considerarlo un fiasco. Segundo: si la historia no es buena la gente no irá al cine a verla, lo que remite al primer problema. Estas preguntas sólo se podrán responder tiempo después de su estreno.

De un tiempo a esta parte 
Tras la buena acogida que tuvo la segunda entrega, tanto Sonnefeld como los actores decidieron darse un descanso para dedicarse a otros proyectos. El que mejor aprovechó la ocasión dada por Men In Black 2 fue Will Smith, ya que se sirvió del tirón de la película como trampolín para relanzar su carrera artística con películas como Yo, robot (2004), En busca de la felicidad (2006), por el que recibió su segunda nominación de la Academia tras Ali, o Soy leyenda (2007).

Tommy Lee Jones, por su parte, participó en The Hunted al año siguiente de MIB 2, así como en No es país para viejos (en la que trabajó con Josh Brolin) o En el valle de Elah (2007), por la que fue nominado al Oscar como mejor actor.

Nuevas caras 
Además de Will Smith y Tommy Lee Jones, iconos de la franquicia, así como Rip Torn, que vuelve como el agente superior Z; Sonnenfeld trató de incorporar nuevas caras, muchas de ellas ya conocidas, como Josh Brolin, el agente K (Lee Jones) en su juventud. El que fuera el hermano de Mickey Walsh en Los Goonies (1985), perseguido mucho después por un malvado Bardem en No es país para viejos (2007), regresa con un estilo sesentero a la gran pantalla. Su incorporación no fue la única novedad.
En Twitter Lady Gaga y Justin Bieber confirmaron en sus respectivas cuentas que iban a tener sendos papeles en la película como parte de una familia alienígena de la que también formaría parte el director Tim Burton. Otra cantante que hace acto de presencia es la vocalista de Pussycat Dolls, Nicole Scherzinger, como la novia de J. Además de todos ellos, Emma Thompson (Regreso a Howards End, Love Actually o Harry Potter) y Alice Eve interpretan a la agente O en el presente y 1969 respectivamente.

De por sí, la apuesta con estrellas del pop archiconocidas, a pesar del papel minúsculo que tengan, puede salvar la producción y darle a más de un directivo un respiro, ya que muchos de los fans irán a las salas de cine para ver a sus ídolos, como fue recientemente el caso de Rihanna en Battleship.

Los incondicionales de la saga esperan expectantes su estreno tras una década sin noticias de los hombres de negro: trajeados, con gafas de sol y olvidadores. Aquellos cuya misión de proteger a la humanidad de los seres espaciales sin que ésta se entere tienen ante sí un plus en la gran pantalla, la de cerrar una trilogía que guste a los espectadores. Aunque si las malas críticas salen ¿quién dice que no hagan uso del borrador de recuerdos para evitarlas?
 

viernes, 4 de mayo de 2012

American Pie, el último regreso de la saga

La saga que cambió el concepto de la comedia juvenil americana regresa a los cines. Hoy se estrena en España American Pie: el reencuentro (American Reunion), la nueva entrega de American Pie, novena de toda su estirpe y cuarta referente a la trama principal. Tras trece años de andaduras, ¿seguirá el fenómeno?

Tras ocho películas habría que considerar si tantas secuelas son buenas para un producto, o alargarlo termina por ser agonizante. Las tres primeras hicieron las delicias de un público al que cautivaron a base de humor y personajes característicos, terminando en la boda de Jim y Michelle, algo que muchos veían como el final perfecto a la trilogía. El fenómeno fue un éxito en taquilla, obteniendo un beneficio de 700 millones de dólares por las tres entregas, algo que pocas comedias pueden decir.

Esas cifras motivaron el pensar que los frutos de American Pie podían dar más, por lo que se decidió ampliar el producto y realizar más películas de la saga. El resultado final derivó en la firma de Universal Pictures por la primera película fuera de la línea, que se vería ampliada a tres más, sin los personajes protagonistas. Todas ellas surgieron a partir de spin off protagonizadas por secundarios de las anteriores, con el actor Eugene Levy, que hacía del padre de Jim Levenstein, como único nexo de unión.

American Pie Presents, Band Camp (2005), trataba la historia de Matt Stifler (Tad Hilgenbrink), hermano menor de Steve Stifler; American Pie Presents: The Naked Mile (2006) y American Pie Presents: Beta House (2007), contaban la historia de Eric Stifler (Jon White) y American Pie Presents: The Book of Love (2009) fueron los títulos de estos experimentos. Cuatro marcas blancas sin el mismo éxito que sus predecesoras.

No sólo ha habido baile de películas, también de guionistas y directores; circunstancias que han influido en unas historias que pudieron gustar más o menos. Detrás de las cámaras, dirigiendo, han pasado Paul Weitz, J.B. Rogers o Jesse Dylan entre otros, siendo los últimos, encargados del retorno de la saga John Hurwitz y Hayden Scholssberg, recordados por codirigir Dos colgaos muy fumaos: fuga en Guantánamo (2008).

Con vistas a recuperar lo perdido y reunir al elenco principal, en 2008 los productores plantearon el resurgimiento del producto estrella de American Pie con la tercera secuela de la original, nuevamente con Jim Levenstein (Jason Biggs), Steve Stifler (Seann William Scott), Michelle Flaherty (Alyson Hannigan), Paul Finch (Eddie Kaye Thomas) y Kevin Myers (Thomas Ian Nicholas). Tres años después, la pandilla más gamberra y alocada de la comedia americana del siglo XXI, que seguía sin madurar, estaba ultimando su vuelta.

Diez años después, la pandilla hacía mucho que no se volvía a ver. Tras terminar el rodaje de la tercera tomaron caminos distintos, volviéndose a encontrar muchos de ellos hace pocos meses, cuando volvieron a retomar los rodajes, donde demostraron que, al igual que sus personajes, los años no pasan en balde, y el feeling y la amistad que se profesan siguen vigente.

Sus carreras artísticas fueron de lo más variopinta. A Seann William Scott, el actor que encarnaba al gamberro de Stifler, se le perdió la pista tras realizar películas como Colega, ¿dónde está mi coche? o Destino final (2000), hasta ahora. Distinta suerte corrió Alyson Hannigan, quien ha sabido jugar muy bien sus cartas, no ya en el cine, sino en la pequeña pantalla, donde ha desarrollado gran parte de su carrera. Recordada por sus papeles de Willow Rosenberg en Buffy Cazavampiros y Angel, su papel de Lily Aldrin en Cómo conocí a vuestra madre, que ahora ultima su séptima temporada, le ha dado a conocer a un mayor público.

Schlossberg, codirector de la película, comentó sobre la nueva entrega que no quisieron hacer una apología a la vulgaridad, alegando que “los directores de comedia se enfrentan a la pregunta de ¿hasta dónde se puede llegar? Y pienso que las únicas que llegan demasiado lejos son las películas malas”. Irónica forma de ver un producto cinematográfico que ha granjeado buenos beneficios en taquilla y un sinfín de seguidores.

Pero quizá sus palabras sean proféticas, ya que el tono nostálgico con el que se narra en la película los comienzos del grupo y el regreso de los chicos a East Great Falls para participar en el reencuentro de ex alumnos del instituto da pie a pensar que su final está cerca. Las sensaciones habidas, el que cada personaje tenga ya definida su propia vida, lejos del resto, y que la extensión de American Pie puede volverse en su contra, hacen imposible verle salida a más historias juntos, por lo que ahora sí, puede haber final.

Cierto que en todas las entregas se ha buscado un humor algo atípico, con chistes subidos de tono y escenas memorables para sus seguidores, por lo que en esta nueva entrega se pretenderá dar pie a soltar la traca final con muchas más bromas, risas y un montón de diversión incontrolable para hacer las delicias de un público al que deben una última función.
 

domingo, 15 de abril de 2012

Titanic, un centenario de la tragedia (II)


La evacuación del Titanic
A medianoche se decidió sacar los 20 botes salvavidas de los que disponía el Titanic, dirigiendo Murdoch los de estribor y Charles Lightoller, cuarto oficial, los de babor. Debido a que los motores se pararon, las chimeneas soltaron gran cantidad de vapor, lo que produjo a un ruido ensordecedor en cubierta. Ello, añadido a la fría temperatura de cubierta, hizo que los pasajeros no le dieran importancia a los hechos, refugiándose la mayoría en los salones interiores. El capitán Smith dio instrucciones a los pocos minutos del choque de que fueran llenados con mujeres y niños primero, dando prioridad a los pasajeros de primera clase.

Muchos botes fueron lanzados con una capacidad inferior a la mitad de las que podían albergar, motivo por el cual desde el puente les llamaran a volver y ser completados, lo que omitieron por miedo a que estallara la histeria entre el pasaje o a hundirse por el peso. De los 20 botes, solo el número 15 ocupó el 100% de su cavidad, con 65 pasajeros. Otros, con la misma capacidad, se quedaron en poco menos de 30 pasajeros. De un total de 1.170 pasajeros posibles, solo fueron ocupados por 705.

El número de botes que transportaba el Titanic eran insuficientes. El propio Thomas Andrews se quejó de esto ante la White Star antes de embarcar, defendiendo la idea de acoger 34 botes, algo que desestimó la compañía, alegando cumplir con el mínimo exigido. Tras el accidente del Titanic, las leyes obligaron a cambiar la disponibilidad de los botes, asegurando que hubiera tantos como pasajeros llevara el barco en cuestión.

Cerca de la una de la madrugada, el descenso de los botes fue más rápido, debido a la inclinación que cogía el barco por su proa, lo que aumentó el pánico entre los pasajeros, que buscaban un bote en el que embarcar. A las 02.05 horas, el último bote fue lanzado.

La radio, un papel determinante
Los telegrafistas del Titanic, Jack Philips (fallecido en el hundimiento) y Harold Bride (superviviente), tras el choque con el iceberg y por orden del capitán Smith, lanzaron señales de CQD (Come Quickly, Distress) a cuantos barcos captaran la señal del barco. Poco después, la señal cambió a la conocida SOS. Fue Bride quien avisó al capitán Smith de la respuesta del Carpathia, el más lejano de los contactados y a cuatro horas de ellos, que iba a toda máquina.

Clave fue la respuesta negativa del
Californian, a unas 5 o 10 millas de su posición. Cuando los operarios de éste hicieron saber al Titanic que se adentraba en una zona de icebergs, las respuestas de Philips llevaron a apagar el Marconi, por lo que no hubo contacto más allá de medianoche. Aunque los testigos aseguran que se mandaron avisos por luces en código morse, así como bengalas de ayuda, no hubo respuesta.

Tras más de dos horas de activa operación en la radio, el generador falló. Cerca de las 02.10 de la madrugada, el capitán Smith les pidió abandonar la habitación de radio.

La orquesta del Titanic
Uno de los mitos más concurrentes del Titanic fue el papel que jugó la orquesta, liderada por Wallace Hartley. Dada la envergadura del accidente, la orquesta que amenizó las cenas de los pasajeros de primera se situó en la cubierta de botes para calmar a los pasajeros, tal como pidió el capitán Smith. No es conocida, y queda como uno de los muchos misterios que dejó aquella noche, la última canción que tocaron. En el recuerdo colectivo de aquella noche, ha llegado a nuestros días Nearer, my God, to Thee (Más cerca de ti, Señor), la más recurrente, pero sin confirmar lo que fue el broche para una orquesta que aguantó hasta el último momento, conscientes del final cercano. Ninguno de sus ocho componentes sobrevivió al naufragio.

El final
Tras más de dos horas de evacuación de los pasajeros, y de incesante trabajo en las calderas y la sala de máquinas, que mantuvo la energía del barco, el Titanic vio su final. Pasadas las 02.20 horas, el barco se inclinó más, y tras producirse un parpadeo de las luces, quedó a oscuras. Después, varios testigos aseguraron que se desquebrajó entre la segunda y la tercera chimenea, al contrario de lo que reflejó el filme de James Cameron, cayendo la popa al mar, que flotó, unida a la proa por un espolón de la quilla, como un corcho. La proa se hundió en el Atlántico alojándose sobre el fondo marino, mientras que la popa lo hizo varios minutos después, virando en su descenso, reposando a distancia.

La mayoría de los que se lanzaron a las aguas del Atlántico perecieron a la escasa media hora del hundimiento, al no soportar el organismo las gélidas temperaturas, cuyo margen está en quince (veinte a lo sumo) minutos, muriendo de hipotermia. Sólo cuatro personas fueron rescatadas con vida, una de ellas murió al rato de ser recogida en un bote.

Cien años después, sus restos reposan en silencio en la llanura marina, muy distinto a aquel que partió de Southampton, en el que las bacterias han acabado con gran parte del casco del barco, que tiende a desaparecer convertido en chatarra.

Nada se supo de los últimos instantes de
Thomas Andrews, quien ayudó a embarcar más gente en los botes. Los últimos testimonios le colocan en uno de los salones de fumadores, con la vista perdida en un cuadro que dominaba la estancia, que representaba la entrada del Titanic en Nueva York. Muchos aseguraron que fue el primer oficial, William Murdoch, quien se suicidó, ante la vorágine que se presentó, aunque hay gente que descartó esa opción. Igual destino corrió el capitán Smith. Algunos le sitúan en el puente, donde decidió marchar a esperar su muerte. Otros comentaron que se acercó hasta un bote con un bebé y marchó entre la multitud que nadaba pidiendo auxilio para perderse.

Mil y una historias anónimas. La de aquellos diez españoles que embarcaron en el crucero, la de los pasajeros de tercera que, asumiendo su fatal destino, decidieron volver a sus camarotes a esperar que todo acabase. Aquellos operarios de la sala de máquinas que perecieron luchando porque la electricidad no fallara. Los más de 300 cuerpos que se recuperarían no pudieron ser identificados, debido a su deteriorado estado. Esos cuerpos residen en tumbas sin nombre, sólo con un número, en el cementerio de las víctimas de
Halifax (Canadá).

El Titanic quedó en el olvido de la sociedad hasta la década de los años 80, cuando en septiembre de 1985 el científico
Robert Wallace encontró los restos del pecio a 4.000 metros de profundidad cerca de las costas de Terranova. Un descubrimiento inesperado, fuera de la misión que tenían planeado, que era la búsqueda de submarinos soviéticos, pero algo sorprendente para la humanidad. James Cameron lo llevaría a los altares en 1997, al alzarse con once Óscars.

Varias expediciones científicas, así como las privadas que incentivan el turismo, están dañando su actual estructura, que podría quedar irreconocible dentro de treinta años de seguir así. Con motivo de su centenario, la
UNESCO ha decidido protegerlo para la defensa del patrimonio cultural subacuático.
Nadie queda de aquel suceso. La última superviviente del Titanic, que sobrevivió al hundimiento con dos meses de edad, Millvna Dean, falleció el pasado 2009. El recuerdo colectivo es lo único que superará generaciones. El recuerdo de lo que significó el trasatlántico más importante de comienzos del siglo XX. Una historia fastuosa, representada varias veces y en el centro de la atención mediática en su momento. El buque de los sueños, que llevaba tanto a ricos como a pobres a Estados Unidos en busca de nuevas oportunidades, de una nueva vida que muchos no llegaron a disfrutar.